El ciclismo es uno de esos deportes donde las reglas han ido acumulándose durante más de un siglo sin que nadie hiciera siempre una limpieza profunda. El resultado es un reglamento lleno de normas que, leídas fuera de contexto, suenan directamente absurdas. Algunas son fruto de escándalos históricos, otras de disputas tecnológicas, y unas pocas simplemente nadie sabe muy bien por qué existen.
La guerra de los calcetines
En 2019, la Unión Ciclista Internacional (UCI) introdujo una norma que generó más debate en la prensa especializada que muchas decisiones sobre seguridad vial en las carreras. Los calcetines de los ciclistas profesionales no pueden superar la mitad de la distancia entre el tobillo y la rodilla.
La razón es más seria de lo que parece: algunos fabricantes de calcetines estaban desarrollando modelos que llegaban casi hasta la rodilla, con materiales de compresión y acabados aerodinámicos que, según estudios de túnel de viento, aportaban una ventaja medible en pruebas contrarreloj. La UCI decidió cortar por lo sano. Literalmente.
Los ciclistas recibieron la norma con cierta incredulidad. El corredor polaco Michal Kwiatkowski declaró con sorna que nunca había pensado que la longitud de sus calcetines afectaría a su contrato con un equipo profesional.
No puedes llegar antes que nadie a la meta si nadie te ha atacado
Una de las normas más contraintuitivas del ciclismo de ruta es la relacionada con el sprint en grupo. Si el pelotón llega junto a la meta y el ganador de la etapa se impone en un sprint masivo, el segundo, el tercero y los demás ciclistas reciben el mismo tiempo que el primero. No el tiempo que tardaron en cruzar la meta, sino el mismo tiempo.
Esto significa que dos ciclistas que llegan con tres segundos de diferencia pueden aparecer empatados en la clasificación general. La norma existe para evitar que los esprinters luchen por décimas de segundo en llegadas masivas en llano donde la diferencia real de condición física no existe. Pero para quien no conoce el reglamento, ver el mismo tiempo para varios ciclistas en una clasificación es un misterio total.
El protocolo de la bicicleta rota
Si un ciclista sufre una avería mecánica o un pinchazo en los últimos kilómetros de una etapa —en general, en los últimos 3 km en llegadas normales—, puede recibir el tiempo del grupo en que venía circulando en el momento de la avería. Esto evita que un accidente fortuito arruine la clasificación general de un corredor.
Pero la norma tiene excepciones y grises. Si el pelotón se ha partido justo en ese momento y hay varios grupos, determinar en cuál iba el ciclista afectado puede ser un ejercicio de análisis de vídeo que ocupa a los comisarios durante horas. Hay casos históricos donde la resolución de una avería tardó más de un día.
El problema de los auxilios prohibidos
El reglamento de la UCI prohíbe que un ciclista reciba ayuda de ciclistas de otro equipo durante una carrera, o que sea empujado por cualquier persona. En la práctica, existe una zona gris enorme. Es tradición en el pelotón que si el líder de la clasificación general sufre una caída, el pedaleo se ralentiza para dejarle recuperar su posición. Nadie multa eso.
Lo que sí puede conllevar sanción es que un ciclista agarre el jersey de un compañero para que le arrastre cuesta arriba, que un director deportivo le dé un empujón desde el coche del equipo, o que un aficionado le impulse en un momento clave. Todo ocurre, todo el mundo lo sabe, y la aplicación del reglamento depende en buena medida de si hay cámaras de televisión en ese instante.