Angelo Fausto Coppi nació el 15 de septiembre de 1919 en Castellania, Piamonte. En la Italia devastada por la guerra y la posguerra, Coppi fue mucho más que un deportista: fue un símbolo de renacimiento, elegancia y excelencia que trascendió el ciclismo para convertirse en un icono cultural de su época. El apodo “Campionissimo”, el campeón de los campeones, lo define mejor que cualquier estadística.
Los inicios y el primer Giro
Coppi comenzó a trabajar como chico de los recados de un carnicero en Novi Ligure antes de que su talento ciclístico fuera descubierto. Debutó como profesional en 1939 y en 1940, con apenas veinte años, ganó su primer Giro de Italia como gregario que tuvo que asumir el liderato tras la lesión del líder del equipo. Fue el ganador más joven de la historia del Giro en ese momento.
La Segunda Guerra Mundial interrumpió su carrera en los años más productivos, entre 1941 y 1945. Fue hecho prisionero por las fuerzas aliadas en África del Norte, una experiencia que marcó profundamente su carácter. La pérdida de cinco años en su mejor momento hacía imaginar lo que su palmarés podría haber sido sin la guerra.
El dominio de posguerra y la rivalidad con Bartali
A partir de 1947, cuando el ciclismo se reorganizó tras la guerra, Coppi dominó el pelotón italiano con una facilidad que dejaba a sus rivales sin argumentos. Su rivalidad con Gino Bartali, cuatro años mayor y de un carácter completamente opuesto al suyo, dividió a la afición italiana en dos bandos apasionados. Bartali era el corredor tradicional, católico y popular; Coppi era el moderno, elegante y técnico.
En el Tour de Francia de 1949 protagonizaron uno de los momentos más famosos de la historia del ciclismo: en la etapa de Briançon, Coppi ofreció a Bartali —o Bartali a Coppi, según versiones— un bidón de agua en el puerto de Izoard. La fotografía de ese gesto de respeto mutuo entre rivales es una de las imágenes más icónicas del deporte del siglo XX. Coppi ganó ese Tour y ese Giro, el primer doblete de la historia del ciclismo.
El estilo que convirtió el ciclismo en arte
Coppi era diferente de todos los ciclistas de su época en la manera de moverse sobre la bicicleta. Pedaleaba de forma fluida y circular, con una eficiencia biomecánica que los técnicos de su época no podían explicar del todo pero que se traducía en velocidades que sus rivales no podían igualar en las subidas. Sus ataques en la montaña eran devastadores: aceleraba de manera progresiva hasta que todos los rivales se quedaban sin rueda.
También fue un pionero en la preparación: prestaba atención a la dieta, al descanso, a los detalles del material y de la preparación física que otros corredores ignoraban. En ese sentido, fue un precursor del ciclismo moderno, un corredor que entendía que ganar requería una preparación integral y no solo el talento natural.
El legado del Campionissimo
Fausto Coppi falleció el 2 de enero de 1960, víctima de la malaria. Tenía cuarenta años. La noticia de su muerte sacudió a Italia entera; lloraron el mismo día Bartali y los millones de tifosi que habían apoyado a uno u otro durante años. Su figura sigue siendo la referencia de la grandeza en el ciclismo italiano, y su apodo, “Campionissimo”, sigue siendo el título más alto que se puede otorgar a un corredor en el imaginario del ciclismo europeo.