Hay deportistas que trascienden sus victorias y se convierten en algo más: en emblemas, en narradores de una era, en la voz que acompaña a varias generaciones de aficionados. Pedro Delgado —Perico para todos en España— es uno de esos casos. Campeón del Tour de Francia en 1988 y doble ganador de la Vuelta a España, fue el hombre que demostró que España podía ganar en el ciclismo de élite antes de que Indurain y Contador hicieran de ello algo habitual. Y cuando dejó de correr, se subió a los micrófonos de TVE y siguió acompañando al deporte que amaba desde otro ángulo igualmente imprescindible.
El segoviano que se hizo ciclista
Pedro Delgado nació el 15 de abril de 1960 en Segovia. Desde joven demostró unas condiciones para la montaña excepcionales: su capacidad para mantener un ritmo alto en las cuestas largas y la potencia que desarrollaba en los finales de puerto lo hacían especialmente temible en las etapas de alta montaña. Comenzó su carrera profesional a principios de los años ochenta y pronto se hizo notar en el pelotón internacional como uno de los climbers más fuertes de su generación.
Durante la primera mitad de los ochenta, Delgado fue consolidándose como uno de los mejores corredores de vuelta del mundo. Su primera gran victoria llegó en la Vuelta a España de 1985, que ganó con solvencia y que lo catapultó al olimpo del ciclismo europeo. Era un corredor valiente, de los que atacaban en la montaña sin esperar permiso, y esa actitud le granjeó el afecto del público español.
El Tour de Francia 1988: la cima de una carrera
La victoria de Delgado en el Tour de 1988 fue uno de los acontecimentos deportivos más celebrados en España durante esa década. Fue el primer español en ganar la Grande Boucle desde Luis Ocaña en 1973, quince años antes, y lo hizo de manera contundente, imponiendo su ley en la montaña y manteniendo la ventaja en las etapas clave.
Sin embargo, aquella victoria estuvo rodeada de polémica: durante el Tour, Delgado dio positivo por probenecid en un control antidopaje. La UCI le absolvió porque esa sustancia no estaba incluida en la lista de sustancias prohibidas por el organismo ciclista, aunque sí lo estaba en la del Comité Olímpico Internacional. La controversia ensombreció parcialmente el éxito, aunque la victoria fue ratificada y Perico regresó a España como campeón.
El drama del prólogo de 1989
Si el año 1988 fue el de la gloria, el de 1989 fue el de la historia más increíble. Delgado llegó al Tour como campeón defensor y uno de los máximos favoritos. Pero el primer día, en el prólogo de Luxemburgo, ocurrió algo que el ciclismo no olvidará nunca: Perico llegó tarde a la rampa de salida. Exactamente dos minutos y cuarenta segundos tarde, según las crónicas de la época.
El error, atribuido a un fallo de coordinación en el equipo, significó que el corredor más esperado de la ronda francesa arrancaba la carrera con una hipoteca enorme. Lo que siguió fue una de las remontadas más espectaculares del ciclismo: Delgado atacó en la montaña, ganó tiempo a sus rivales y llegó a luchar por el podio hasta la última jornada. Acabó tercero, detrás del americano Greg LeMond y del irlandés Sean Kelly. Ganó la Vuelta a España ese mismo año, lo que atemperó la frustración del Tour, pero el prólogo de Luxemburgo quedó grabado en la memoria colectiva como uno de los grandes momentos-anécdota de la historia del ciclismo.
La Vuelta de 1989 y el cierre de una era
Pocas semanas después de aquel Tour, Delgado ganó su segunda Vuelta a España. La victoria fue la confirmación de que seguía siendo uno de los mejores corredores del mundo, pero el ciclo de su hegemonía estaba llegando a su fin. En 1991 un joven navarro llamado Miguel Indurain empezó a ganar el Tour de Francia y se convirtió en el nuevo referente del ciclismo español. Delgado, ya en la recta final de su carrera, fue acompañante y gregario de lujo de Indurain hasta su retirada en 1994.
La voz del ciclismo español
Desde que colgó la bicicleta, Pedro Delgado se convirtió en comentarista de ciclismo para TVE. Durante más de treinta años, su voz entusiasta, sus análisis precisos y su capacidad para transmitir la emoción de las grandes vueltas han hecho de él uno de los rostros más queridos del deporte español en televisión. Generaciones de aficionados han vivido el Tour de Francia, la Vuelta o el Giro acompañados de su relato apasionado. Perico sigue siendo, décadas después de colgar el maillot, una parte indispensable del ciclismo español.