Tadej Pogačar nació el 21 de septiembre de 2000 en Komenda, una pequeña localidad de Eslovenia. Cuando ganó su primer Tour de Francia en 2020, tenía veintiún años y casi ningún aficionado fuera de los círculos especializados sabía pronunciar su apellido correctamente. Cuatro años después, con cuatro Tours y un Giro en su palmarés, es el nombre más conocido del ciclismo mundial y el favorito en cualquier carrera en la que toma la salida.
El prodigio esloveno
Eslovenia es un país pequeño de dos millones de habitantes que en los últimos años ha producido una concentración de talento ciclista extraordinaria: Primož Roglič, el propio Pogačar y una generación de corredores que han cambiado el equilibrio de poder en el pelotón internacional. Pogačar creció en ese entorno, en un país donde el ciclismo es un deporte mayor y donde los jóvenes talentos reciben desde pequeños la formación necesaria para competir al máximo nivel.
Su ascenso fue rapidísimo. Pasó por las categorías juveniles con resultados sobresalientes y en 2019, su primera temporada completa como profesional con el equipo UAE Emirates, ganó tres etapas en la Vuelta a España y fue tercero en la clasificación general. Tenía diecinueve años.
El primer Tour y la contrarreloj de Plancher-les-Mines
El Tour de Francia de 2020 —disputado en septiembre por la pandemia— parecía encarrilado hacia la victoria de Primož Roglič, su compatriota y compañero de selección. Roglič llegó a la última contrarreloj de La Planche des Belles Filles con más de cincuenta segundos de ventaja sobre Pogačar. En los veintidós kilómetros de aquella prueba contrarreloj, el esloveno más joven invirtió la situación de una manera que el ciclismo no había visto en décadas. Roglič llegó a la meta con el maillot amarillo; Pogačar llegó a la meta siendo campeón del Tour. La diferencia fue de más de un minuto y veinte segundos.
Aquella victoria es ya un momento histórico del ciclismo. No solo por lo inesperada, sino porque anunciaba la llegada de un corredor diferente.
El dominio y los títulos
En 2021, Pogačar repitió victoria en el Tour con todavía más autoridad, ganando etapas de montaña con ataques que dejaban al pelotón petrificado. Su capacidad de acelerar en las pendientes más duras, cuando los demás ya van al límite, es su arma más temible. Combina esa explosividad con una contrarreloj de primer nivel y una resistencia que le permite mantener el nivel durante tres semanas de competición.
Tras las victorias de Vingegaard en 2022 y 2023 —que abrieron un debate sobre si Pogačar había encontrado la horma de su zapato—, el esloveno respondió en 2024 con quizás la actuación más dominante del Tour desde los tiempos de Miguel Indurain. Además, semanas antes había ganado el Giro de Italia, convirtiéndose en uno de los pocos ciclistas modernos capaces de doblar las dos grandes pruebas en un mismo año.
El estilo: atacar y atacar
Lo que hace a Pogačar diferente de otros campeones es su instinto de atacante. Donde otros líderes administran la ventaja, él busca ampliarla. Ataca en los primeros puertos de la etapa cuando la carrera no lo requiere, gana etapas con ventajas que la lógica del ciclismo moderno no debería permitir. Hay en él una alegría de competir que es contagiosa: parece que le divierte ganar tanto como le divierte atacar.
Su relación con el público es excepcional. En una época en que las redes sociales definen la percepción de los deportistas, Pogačar proyecta autenticidad: celebra con genuina emoción, habla con honestidad sobre sus rivales y sobre el deporte, y pedalea con una expresividad que hace que seguirle sea un placer incluso para quien no sabe nada de ciclismo.
Legado en construcción
Pogačar tiene por delante, probablemente, más de una década en la élite. Sus cuatro Tours a los veinticuatro años, sumados al Giro y a múltiples clásicas, componen ya uno de los mejores palmarés de la historia del ciclismo. Si se mantiene sano y competitivo, los récords históricos de la grande Boucle están a su alcance. Por ahora, es simplemente el mejor ciclista del mundo.