El ataque es el gesto más dramático y decisivo del ciclismo de carretera. Consiste en una aceleración brusca con la que un corredor intenta despegarse del grupo y abrir una ventaja suficiente para no ser alcanzado. En las etapas de montaña, el ataque es el momento cumbre de la táctica ciclista: los espectadores en los puertos esperan con tensión el instante en que uno de los favoritos acelera, mira por encima del hombro y comienza a distanciarse del grupo de los mejores.
La efectividad de un ataque depende del momento, la forma física y el elemento sorpresa. Los mejores atacantes de la historia, como Marco Pantani, Eddy Merckx o Alberto Contador, combinaban potencia explosiva con una capacidad táctica para leer el momento exacto en que los rivales son más vulnerables. Un ataque en la parte media de un puerto largo, cuando los contrarios ya están acumulando fatiga, puede ser devastador. Un ataque demasiado pronto o demasiado tarde puede ser respondido con facilidad.
La respuesta a un ataque también es un arte en sí mismo. Cuando un favorito ataca, los equipos rivales deben decidir en segundos si marcan el movimiento, si dejan ir al atacante esperando recuperarlo más adelante, o si lanzan un contraataque inmediato. Estas decisiones se toman a veces a 6 o 7 vatios por kilogramo de potencia, en condiciones de esfuerzo extremo, con los directores deportivos dando instrucciones por el pinganillo desde los coches siguientes. La combinación de esfuerzo físico máximo y toma de decisiones tácticas en tiempo real es lo que hace del ciclismo uno de los deportes de equipo más complejos del mundo.