La contrarreloj es la prueba más pura e individual del ciclismo. También conocida como time trial o crono, consiste en que cada corredor recorre el trayecto por separado, saliendo a intervalos regulares y sin poder recibir ayuda aerodinámica de otros ciclistas. El resultado depende exclusivamente de la potencia, la aerodinámica y la capacidad de gestión del esfuerzo de cada atleta. Por eso se dice que la contrarreloj es «la prueba de la verdad»: no hay excusas ni refugio colectivo.
El material y la preparación aerodinámica son factores determinantes en la contrarreloj. Las bicicletas de crono tienen un diseño radicalmente diferente a las de carretera convencional: manillar de triatlón que permite una posición baja y cerrada, cuadro de perfil aerodinámico, ruedas de disco o de perfil profundo y casco en forma de gota alargada. Cada detalle del equipamiento puede marcar diferencias de segundos en un recorrido de 40-50 kilómetros, y los equipos profesionales invierten en túneles de viento para optimizar la posición de cada corredor.
En las grandes vueltas como el Tour de Francia, el Giro d’Italia o la Vuelta a España, las contrarrelojes suelen ser etapas clave para la clasificación general. Un corredor que destaca en crono puede sacar ventajas de varios minutos sobre sus rivales y construir bases sólidas para defender el liderato en montaña. Especialistas puros como Fabian Cancellara o Tony Martin han ganado múltiples campeonatos mundiales de contrarreloj y grandes torneos gracias a su superioridad individual en esta modalidad.