El domestique es una de las figuras más características y menos visibles del ciclismo profesional. Su rol consiste en subordinar completamente su carrera individual a los intereses del líder del equipo, desempeñando labores esenciales que raramente aparecen en los titulares pero que son decisivas para el resultado final. Un buen domestique vale su peso en oro: conoce la carrera, anticipa los ataques, protege al líder del viento y de los peligros del pelotón, y es capaz de bajar del puerto a máxima velocidad cargado de bidones para reabastecer a sus compañeros.
El término proviene del francés y significa literalmente «sirviente de casa». Fue acuñado en el ciclismo de principios del siglo XX, cuando los corredores más potentes comenzaron a rodearse de compañeros cuya misión era hacer el trabajo sucio. A lo largo de la historia, algunos domestiques han alcanzado una fama comparable a la de los propios líderes gracias a su entrega y eficacia. El belga Jef Scherens, el español Xabier Zandio o el australiano Chris Anker Sørensen son ejemplos de profesionales que han construido largas carreras en el rol de doméstico.
En el ciclismo moderno, la frontera entre líder y domestique puede ser fluida. Un corredor que en un equipo importante actúa como gregario puede ser líder absoluto en una carrera menor o en una temporada en la que el equipo cambia de objetivos. Los domestiques de lujo, capaces de ganar pruebas cuando tienen libertad, son los más cotizados: pueden cumplir ambas funciones según lo requiera la situación táctica del equipo.