La fuga o escapada es una de las estrategias más antiguas y apasionantes del ciclismo. Consiste en que uno o varios corredores se separan del pelotón y ruedan por delante con una ventaja de minutos o segundos, intentando mantenerla hasta la meta. Puede ser solitaria (un solo corredor) o colectiva (varios ciclistas de distintos equipos que colaboran para mantener la distancia sobre el pelotón). La naturaleza colaborativa de las fugas es uno de los aspectos más interesantes del ciclismo: rivales se convierten temporalmente en aliados por el bien común de la escapada.
La decisión del pelotón de perseguir o no una fuga es puramente táctica. Si ninguno de los fugados representa una amenaza para los líderes de la clasificación general, los equipos dominantes pueden dejar ir la escapada y controlarla a distancia prudente. Esta fuga controlada se llama informalmente «la fuga del día» y suele llegar a meta si el perfil es favorable, o ser cazada en los últimos kilómetros por un pelotón que acelera cuando ya no hay riesgo. Cuando la fuga incluye corredores con tiempo para arrebatar el liderato, la reacción del pelotón es inmediata y agresiva.
Las grandes fugas solitarias son los momentos más épicos del ciclismo. Ataques de larga distancia como los de Eddy Merckx en el Tourmalet de 1969, o el ataque de Tadej Pogacar en el Ventoux de 2021, quedan grabados en la memoria del deporte. En las clásicas de un día, la fuga puede construirse ya en los primeros kilómetros y los fugados que resisten el tirón del pelotón hasta la meta se convierten en los grandes héroes de la jornada.