El término gregario en ciclismo proviene del latín «grex» (rebaño) y describe perfectamente la naturaleza del rol: el corredor que trabaja dentro del grupo en beneficio del conjunto y, en particular, de su líder. En el ciclismo profesional moderno, los equipos del WorldTour están compuestos típicamente por ocho corredores, de los cuales solo uno o dos son líderes designados para las grandes clasificaciones; los demás son gregarios con funciones específicas según sus cualidades.
La especialización de los gregarios es uno de los aspectos más técnicos y fascinantes de la estrategia ciclista. Los gregarios de escalada acompañan al líder en los puertos, establecen el ritmo de subida para desgastar a los rivales antes de que el líder ataque y cubren cualquier aceleración peligrosa de los contrarios. Los gregarios rouleurs se desempeñan en los tramos llanos y en las contrarrelojes por equipos. Los gregarios velocistas llevan al tren del sprint y lanzan al rematador final en los últimos 200 metros.
La valoración del gregario ha cambiado enormemente en las últimas décadas. Antes invisibles, hoy son reconocidos como piezas fundamentales del ajedrez ciclista. Con la aparición de la tecnología GPS y los potenciómetros, el trabajo de cada corredor queda registrado con precisión matemática y los directores deportivos pueden medir el rendimiento colectivo. Figuras como Hennie Kuiper, Geert Verheyen o Stef Clement son admiradas en el mundo del ciclismo no por sus victorias, sino por la excelencia y entrega en su rol de gregarios de alto nivel.