La meta volante es uno de los elementos tácticos intermedios más interesantes del ciclismo por etapas. Se trata de un punto del recorrido previamente marcado en la hoja de ruta donde se disputa un sprint parcial y se otorgan puntos de clasificación y, en algunas pruebas, bonificaciones de tiempo. A diferencia de la meta final de la etapa, la meta volante está integrada en el recorrido y la carrera continúa inmediatamente después de que los primeros corredores la crucen.
En el Tour de Francia, las metas volantes son fundamentales para la lucha por el maillot verde, el jersey de la clasificación por puntos que premia a los corredores más regulares en las llegadas y en los sprints intermedios. Los esprínters y sus equipos planifican su participación en las metas volantes estratégicamente: ganar una meta volante requiere un esfuerzo que puede costar energía valiosa para el sprint final de la etapa, pero los puntos acumulados pueden ser determinantes para ganar la clasificación verde al final de las tres semanas.
Tácticamente, las metas volantes pueden provocar situaciones interesantes en el pelotón. Si la meta volante otorga bonificaciones de tiempo y hay corredores en fuga con opciones de clasificación general, el equipo del líder puede verse obligado a acelerar para que su corredor esté en cabeza al cruzar la línea. También pueden usarse para ganar segundos que anulen la ventaja de un rival cercano en la clasificación general, convirtiéndose en pequeñas batallas dentro de la guerra mayor de la vuelta. Esta dimensión táctica hace de las metas volantes un elemento más complejo de lo que su nombre sugiere.