El esprínter es el corredor construido para ganar en las llegadas masivas, esas etapas llanas donde el pelotón llega junto a la línea de meta y la victoria se decide en un caótico y explosivo sprint final de apenas 300 metros. Sus características físicas son muy específicas: mayor masa muscular que la mayoría de ciclistas, capacidad anaeróbica excepcional y una potencia de pedalada que puede superar los 1.500 vatios en el momento del lanzamiento. Esta especialización tiene un precio: en las etapas de alta montaña, el peso adicional se convierte en lastre y los esprínters pueden perder más de media hora respecto a los escaladores.
La táctica del sprint es uno de los aspectos más sofisticados y peligrosos del ciclismo. En los kilómetros finales de una etapa para sprinters, el pelotón se convierte en un hervidero de equipos que luchan por posición. Cada equipo intenta llevar a su rematador al frente con el llamado «tren del sprint»: una fila de gregarios que se van sacrificando en orden, cada uno tirando al máximo durante un kilómetro o menos, hasta que el último lanza al esprínter a 200 o 300 metros de la meta. La posición en el sprint, la capacidad de encontrar huecos y los nervios de acero son tan importantes como la potencia pura.
La historia del ciclismo tiene esprínters que han marcado épocas. Mario Cipollini, apodado «Il Re Leone», ganó 42 etapas en el Tour de Francia y el Giro, siendo el más dominante de los años 90. Mark Cavendish batió en 2021 el récord de victorias de etapa en el Tour de Francia con 35 triunfos, superando a Eddy Merckx. En la actualidad, corredores como Jasper Philipsen, Mads Pedersen o Jonathan Milan representan una nueva generación de esprínters de primer nivel mundial.