Alexander Honnold nació el 17 de agosto de 1985 en Sacramento, California. Es el hijo de un profesor de chino y de una pianista, una familia de clase media educada y sin ninguna tradición de deportes de aventura. Alex fue un niño tímido e introvertido, diagnosticado en la infancia con rasgos del espectro autista, que encontró en la escalada un lenguaje propio mucho antes de encontrar el de las palabras.
Los inicios en el rocódromo
Honnold empezó a escalar a los diez años en un rocódromo de Sacramento, cuando su madre lo apuntó casi por azar. La escalada fue una revelación. En el muro, la introversión no era un problema: la comunicación se hacía con el cuerpo, con las manos, con la lectura silenciosa de los holds. Siguió escalando con una dedicación obsesiva durante toda su adolescencia, y con 18 años abandonó la universidad de Berkeley (donde había empezado Ingeniería Civil) para vivir en una furgoneta y escalar a tiempo completo.
Durante varios años vivió en una furgoneta Ford Econoline aparcada en los mejores sectores de escalada de América, con un presupuesto mínimo y una rutina completamente organizada alrededor del entrenamiento y la escalada. Esta época le proporcionó no solo las bases técnicas sino la autonomía y la autosuficiencia que caracterizan su estilo de vida.
El free solo como vocación
Desde muy joven, Honnold mostró una inclinación natural hacia el free solo: escalar sin cuerda. Lo probó por primera vez en su adolescencia y descubrió que, lejos de provocarle el pánico que otros esperaban, el free solo le generaba una sensación de claridad mental y de presencia absoluta que la escalada con cuerda nunca le proporcionaba de la misma forma.
Los estudios de neurociencia realizados más tarde confirmaron lo que él intuía: en un escáner cerebral, la amígdala de Honnold (el centro emocional del miedo) mostraba una actividad significativamente menor que la media ante estímulos que a otras personas les generaban respuestas de miedo intensas. Esto no significa que Honnold no sienta miedo: significa que su respuesta al riesgo es cualitativamente diferente.
Los free solos previos al El Capitan
Antes de El Capitan, Honnold acumuló un historial de free solos que ya eran excepcionales por sí mismos. En 2008 completó el free solo de la ruta Regular Northwest Face del Half Dome (Yosemite), una hazaña que conmocionó a la comunidad escaladora. Luego vinieron otros free solos en distintas paredes de América y del mundo.
Pero todos esos logros eran, en cierto modo, una preparación para El Capitan.
El free solo de El Capitan (2017)
El proyecto de escalar El Capitan en free solo fue el trabajo de años. Honnold conocía la pared de memoria, la había escalado decenas de veces con cuerda, había practicado cada movimiento difícil hasta que era automático. El 3 de junio de 2017, antes del amanecer, comenzó a escalar la ruta Freerider.
Tres horas y cincuenta y seis minutos después, estaba en la cima. Había completado lo imposible. La hazaña fue recogida por un equipo de cámara de National Geographic que había coordinado con Honnold meses de preparación para estar en los puntos clave sin interferir en la ascensión.
El documental y la fama global
“Free Solo” (2018, dirigido por Jimmy Chin y Elizabeth Chai Vasarhelyi) llevó la historia de Honnold a millones de personas en todo el mundo. Ganó el Oscar al mejor documental en 2019 y se convirtió en uno de los documentales deportivos más vistos de la historia.
Con la fama llegaron los patrocinios, las conferencias y la visibilidad mediática. Honnold los ha gestionado con la misma sobriedad que caracteriza su forma de escalar, usando parte de su influencia para su fundación (Honnold Foundation), dedicada a proyectos de energía solar en comunidades sin acceso a la red eléctrica.
El legado
Alex Honnold es, para el gran público, el símbolo de la escalada. Su hazaña en El Capitan ha inspirado a millones de personas que nunca escalarán y ha hecho que otros millones se acerquen a un rocódromo por primera vez. En la comunidad escaladora, su figura genera admiración y respeto, pero también el debate sobre los límites éticos del riesgo extremo.