El grado de dificultad es el lenguaje universal que usan los escaladores para comunicar cuán difícil es una vía o un problema. No es una medida objetiva como los metros o los kilogramos: es una evaluación consensuada entre la comunidad de escaladores que refleja el esfuerzo y la técnica necesarios para completar el ascenso. El primer escalador que abre una vía propone un grado basado en su experiencia; los escaladores siguientes que repiten la vía confirman o discuten ese grado hasta que se establece un consenso.
El sistema francés, el más extendido en escalada deportiva, funciona con una escala que va del 1 (básico, accesible a cualquier persona en buena forma física) hasta más allá del 9 para los grados de élite absoluta. La escala tiene subdivisiones cada vez más finas a medida que avanza: un 6a y un 6b representan una diferencia apreciable de dificultad, pero la diferencia entre un 9b y un 9c es tan pequeña y tan dependiente del estilo del escalador que solo unos pocos individuos en el mundo pueden juzgarla con rigor. El signo + indica que la vía está en el extremo superior de ese subgrado.
En boulder, el sistema más usado internacionalmente es el llamado “V-scale” americano (V0 a V17) y el sistema fontainebleau (3 a 8c). Los grados de boulder y de lead no son directamente comparables porque las modalidades exigen cualidades físicas distintas: un escalador de 8b en lead puede ser incapaz de completar un boulder de 8a si su perfil es más de resistencia que de potencia. La misma persona puede tener grados muy distintos en boulder y en lead, lo que refleja las diferencias fisiológicas fundamentales entre ambas disciplinas.