Las poleas de los dedos son las estructuras anatómicas que más diferencian la medicina deportiva de la escalada de cualquier otro deporte. Son bandas de tejido fibroso que rodean los tendones flexores de los dedos formando túneles que los mantienen pegados a los huesos falángicos. Sin las poleas, los tendones se despegarían de los huesos al flexionar el dedo con fuerza —efecto conocido como cuerda de arco— y la transmisión de fuerza sería ineficiente. En escalada, la posición de crimp concentra cargas enormes sobre estas estructuras, muy superiores a las que experimentan en cualquier otra actividad humana cotidiana.
La polea A2, situada en la primera falange del dedo, es la que sufre la mayor carga en la posición de full crimp. El dedo anular es el más frecuentemente lesionado, probablemente porque es el dedo más largo y el que queda en posición de mayor palanca mecánica en el agarre. Cuando la carga supera la resistencia del tejido, la polea puede sufrir una rotura parcial —las fibras se desgajan pero la estructura mantiene algo de continuidad— o una rotura completa, en la que la polea se separa por completo. En casos graves, varias poleas pueden lesionarse simultáneamente.
La prevención de lesiones de polea es uno de los temas más discutidos en la comunidad escaladora. El consenso actual apunta a una progresión gradual en la intensidad del entrenamiento, el uso preferente del open hand sobre el full crimp, el calentamiento específico de dedos antes de cada sesión y el respeto de los períodos de descanso. El fingerboard o campus board, herramientas de entrenamiento de fuerza de dedos muy populares, son también las causas más frecuentes de rotura de polea cuando se usan sin progresión adecuada o sin suficiente experiencia previa.