El speed o velocidad es la modalidad más diferente del resto de la escalada deportiva. En lugar de evaluar dificultad técnica o potencia en problemas cortos, el speed mide una sola cosa: cuánto tiempo tarda el escalador en recorrer 15 metros de pared estandarizada. El recorrido de presas es exactamente el mismo en todas las instalaciones homologadas del mundo, lo que convierte los tiempos en comparables entre sí de forma absoluta. No hay lectura de movimientos ni creatividad táctica: los escaladores de velocidad memorizan el recorrido hasta que los movimientos se vuelven automáticos.
El entrenamiento para el speed es radicalmente diferente al del boulder o el lead. Los escaladores de velocidad repiten el mismo recorrido miles de veces hasta que cada agarre, cada posición de pie y cada transición entre presas se ejecuta sin pensamiento consciente. La mejora del rendimiento viene de la optimización milimétrica de la cadencia, la reducción del tiempo de contacto con cada presa y el desarrollo de la potencia explosiva de piernas y brazos necesaria para moverse a más de 3 metros por segundo. Muchos especialistas en speed raramente practican boulder o lead.
La inclusión del speed en el formato olímpico de escalada fue controvertida en el mundo de la escalada deportiva, donde muchos puristas consideran que es una disciplina demasiado distinta del boulder y el lead para compartir una competición. Sin embargo, como espectáculo el speed genera una de las imágenes más impactantes de los Juegos: dos atletas subiendo en paralelo a velocidades que desafían la intuición del espectador no iniciado, en un duelo que se decide en fracciones de segundo.