La era moderna del esquí de fondo está marcada por dos grandes transformaciones: la revolución técnica del skating y la apertura progresiva del deporte a países no escandinavos. Desde los años 1980, el esquí de fondo ha evolucionado en velocidades, intensidad y diversidad geográfica hasta convertirse en uno de los deportes de invierno más seguidos a nivel internacional.
La revolución del skating
A principios de la década de 1980, algunos esquiadores comenzaron a usar una técnica de movimiento lateral —similar al patinaje sobre hielo— en las pruebas de técnica libre. El estadounidense Bill Koch fue uno de los primeros en utilizarla a nivel competitivo internacional, y cuando la FIS finalmente reconoció formalmente la distinción entre técnica clásica y libre, el deporte cambió para siempre.
El skating es, en condiciones óptimas, hasta un 10-15% más rápido que la técnica clásica. Esto significó tiempos de carrera más cortos, una demanda física diferente (más orientada al tronco y la cadera) y una espectacularidad visual mayor que atrajo a nuevos públicos.
La potencia soviética y rusa
La Unión Soviética había comenzado a competir al más alto nivel en el esquí de fondo desde los Juegos de 1956, especialmente en las pruebas femeninas. Raisa Smetanina, con diez medallas olímpicas a lo largo de cuatro olimpiadas (1976-1992), es una de las grandes leyendas del deporte y uno de los ejemplos más claros de la capacidad soviética para producir atletas de resistencia de alto nivel.
Tras la disolución de la URSS, Rusia heredó ese sistema y continuó siendo potencia. Sin embargo, la era rusa quedó marcada por escándalos de dopaje que culminaron con el descubrimiento del programa estatal de dopaje en los Juegos de Sochi 2014. Las sanciones posteriores alejaron temporalmente a Rusia de las grandes competiciones bajo su bandera, aunque los atletas rusos compitieron como neutrales (ANA, ROC) en varias ediciones de Juegos Olímpicos y mundiales.
Johannes Høsflot Klæbo y Alexander Bolshunov: el duelo del siglo XXI
La era más reciente del esquí de fondo masculino ha estado protagonizada por la rivalidad entre el noruego Johannes Høsflot Klæbo y el ruso Alexander Bolshunov. Klæbo, nacido en 1997 y ganador de tres oros olímpicos en PyeongChang 2018 con solo 21 años, es probablemente el mejor velocista (sprint y distancias cortas) de la historia del esquí de fondo. Bolshunov, considerado el más completo de su generación por su capacidad en distancias largas y técnica clásica, se convirtió en el gran dominador del circuito de Copa del Mundo en los años 2019-2022.
Su rivalidad es quizás la más emocionante que ha conocido el esquí de fondo masculino, con ambos atletas en la cima del deporte durante años.
La globalización parcial del deporte
El esquí de fondo sigue siendo, en el siglo XXI, un deporte muy concentrado geográficamente. Las condiciones climáticas necesarias para entrenar —largas temporadas de nieve de calidad— limitan el desarrollo del deporte a regiones específicas del mundo: Escandinavia, Rusia, Alemania, Suiza, Francia y algunas partes de Norteamérica.
Sin embargo, atletas de países como Kazajistán (con la figura de Alexey Poltoranin), Bielorrusia (Daria Domracheva en biatlón, que comparte la base física con el fondo) o incluso países africanos han comenzado a aparecer en las clasificaciones internacionales, mostrando que el deporte, aunque despacio, se está diversificando geográficamente.
Los Juegos de Beijing 2022 y la era post-pandemia
Los Juegos Olímpicos de Pekín 2022 fueron los primeros celebrados sin público masivo por las restricciones del COVID-19, pero deportivamente fueron de primer nivel. Noruega volvió a demostrar su supremacía colectiva (cuatro medallas de oro en esquí de fondo), mientras que el programa se modernizó con nuevos formatos y sistemas de clasificación que hacen las carreras más accesibles para el público televisivo.