El esquí de fondo es uno de los deportes de invierno geográficamente más concentrados del mundo. Un puñado de países del norte de Europa, más Rusia, acapara prácticamente la totalidad de las medallas en los grandes eventos internacionales. Pero dentro de ese grupo reducido, cada nación tiene su propia tradición, su propio estilo y su propia historia, con épocas de dominio y períodos de declive relativo.
Noruega: la potencia hegemónica
Noruega es, sin discusión posible, la mayor potencia del esquí de fondo en la historia. El país escandinavo ha ganado más medallas olímpicas en esta disciplina que ningún otro, y ha producido una cadena ininterrumpida de grandes campeones desde los primeros Juegos de 1924.
El secreto noruego es cultural: el esquí de fondo es parte de la identidad nacional, practicado masivamente desde la infancia. La federación noruega (Norges Skiforbund) tiene recursos y metodología de primer nivel. Y hay un efecto cadena generacional: cada generación de campeones inspira y entrena a la siguiente.
Figuras emblemáticas: Thorleif Haug, Sixten Jernberg (sueco, pero rival histórico), Bjørn Dæhlie, Marit Bjørgen, Therese Johaug, Johannes Høsflot Klæbo.
Suecia: elegancia y consistencia
Suecia ha sido el segundo país en el medallero histórico del esquí de fondo olímpico, con figuras como Sixten Jernberg (nueve medallas olímpicas), Gunde Svan (campeón en los años 1980) y Charlotte Kalla (campeona olímpica en Vancouver 2010 y PyeongChang 2018). El esquí sueco tiene su propia tradición de elegancia técnica y consistencia, aunque rara vez ha alcanzado el nivel de dominio absoluto de Noruega.
La Vasaloppet, la carrera popular más famosa del esquí de fondo (90 km de Sälen a Mora), es un símbolo de la relación de Suecia con el esquí nórdico: una tradición que se remonta a 1922 y que hoy atrae a más de 15.000 participantes cada año.
Finlandia: la caída y la recuperación
Finlandia fue una potencia de primer nivel hasta el año 2001, cuando el escándalo de dopaje de los Campeonatos del Mundo de Lahti sacudió al esquí finlandés hasta sus cimientos. Seis esquiadores de élite —entre ellos la triple campeona olímpica Marja-Liisa Hämäläinen y su marido Harri Kirvesniemi— dieron positivo por HES.
La generación posterior tardó en recuperarse del daño reputacional y organizativo. Sin embargo, en los últimos años han surgido nuevas figuras como Iivo Niskanen (campeón olímpico en Pekín 2022) que sugieren que Finlandia está recuperando su posición de potencia de primer nivel.
Rusia / URSS: poder y escándalo
La Unión Soviética fue una potencia del esquí de fondo especialmente en las pruebas femeninas, dominando la mayoría de los oros olímpicos en ese apartado desde la incorporación de las mujeres en 1952 hasta los años 1990. Raisa Smetanina, con diez medallas en cuatro olimpiadas, es la gran figura histórica del esquí soviético.
Rusia heredó ese sistema, pero su historia moderna está marcada por los escándalos de dopaje. El sistema estatal revelado por el informe McLaren, con muestras de orina sustituidas durante los Juegos de Sochi 2014, resultó en sanciones masivas. Atletas como Alexander Bolshunov y Natalia Nepryaeva han competido como neutrales (ROC) en los Juegos más recientes.
Alemania: especialista en pruebas femeninas
Alemania ha sido más competitiva en el apartado femenino que en el masculino, con figuras como Claudia Nystad y Stefanie Böhler en las décadas de 2000 y 2010. El sistema deportivo alemán, heredero en parte de la tradición de la República Democrática Alemana, ha producido atletas consistentes aunque raramente dominadores.