La historia del esquí de fondo femenino es la historia de un deporte que comenzó marginalizado —una sola prueba en 1952, casi como concesión— y que ha crecido hasta ofrecer un programa tan rico como el masculino. Es también la historia de mujeres que compitieron al más alto nivel, muchas veces en condiciones de menor reconocimiento y con menores recursos, y que sin embargo produjeron algunas de las actuaciones más memorables de la historia de los deportes de invierno.
Los primeros pasos: Oslo 1952
Los Juegos Olímpicos de Oslo 1952 incluyeron por primera vez una prueba femenina de esquí de fondo: los 10 km. La soviética Lydia Wideman se convirtió en la primera campeona olímpica femenina del esquí de fondo, iniciando una larga historia de dominio soviético en las pruebas femeninas.
La inclusión de las mujeres en 1952 fue tardía si se compara con el debut masculino en 1924, y reflejaba las actitudes de la época sobre la participación femenina en deportes de resistencia. Sin embargo, una vez en el programa olímpico, las esquiadoras de fondo demostraron rápidamente que su nivel competitivo era extraordinario.
El dominio soviético: décadas de hegemonía
Desde Oslo 1952 hasta finales de los años 1980, las esquiadoras soviéticas dominaron el esquí de fondo femenino olímpico de una manera que no tiene parangón en la historia de los deportes de invierno. La Unión Soviética ganó prácticamente todos los oros disponibles en las pruebas femeninas durante este período, con atletas como Klavdia Boyarskikh (tres oros en Innsbruck 1964) y Raisa Smetanina (diez medallas en cuatro olimpiadas).
El sistema soviético de formación deportiva, con sus centros de entrenamiento especializados, sus científicos del deporte y su financiación estatal, producía atletas de una calidad y consistencia que los países nórdicos tardaron en poder igualar en las pruebas femeninas.
La irrupción nórdica en el esquí femenino
A partir de los años 1980, las esquiadoras escandinavas comenzaron a romper el monopolio soviético. Norvegas como Berit Aunli y Marit Wold, y finlandesas como Marja-Liisa Hämäläinen —triple campeona olímpica en Sarajevo 1984— mostraron que los países nórdicos podían producir campeones olímpicas también en las pruebas femeninas.
La rivalidad entre Escandinavia y el bloque soviético/ruso se convirtió en uno de los grandes relatos del esquí de fondo femenino hasta la disolución de la URSS.
Marit Bjørgen: la mayor campeona de la historia
La noruega Marit Bjørgen es, sin ningún género de dudas, la esquiadora de fondo más exitosa de la historia y la deportista de invierno —hombre o mujer— con más medallas olímpicas de todos los tiempos. Con 15 medallas (8 oros, 4 platas, 3 bronces) en cinco ediciones de los Juegos Olímpicos entre 2002 y 2018, su palmarés es único en la historia de los deportes de invierno.
Bjørgen compitió al más alto nivel durante más de 15 años, adaptándose a los cambios del deporte y manteniéndose como referencia en pruebas tan distintas como el sprint y la larga distancia. Su último oro olímpico lo ganó en los 30 km de PyeongChang 2018, con 38 años, en lo que fue una de las actuaciones más emocionantes de la historia de los Juegos.
Charlotte Kalla y la renovación sueca
La sueca Charlotte Kalla representó la renovación del esquí de fondo sueco en el siglo XXI, ganando el oro en la primera prueba de PyeongChang 2018 (skiathlon) y acumulando medallas en múltiples ediciones olímpicas. Su estilo elegante y su consistencia la convirtieron en uno de los rostros más reconocibles del esquí de fondo femenino internacional.
La cuestión de las distancias
El debate sobre las distancias desiguales entre hombres y mujeres (50 km vs 30 km en la prueba larga) continúa siendo un tema de discusión en el esquí de fondo. Las protagonistas del deporte, Bjørgen incluida, han manifestado en distintas ocasiones su disposición a competir en los mismos formatos que los hombres. La FIS ha ido acortando progresivamente las diferencias, y la tendencia es hacia una mayor equiparación en el futuro.