La Fórmula E ha convertido en escenario de competición algunos de los lugares más icónicos y reconocibles del mundo. Las avenidas del EUR en Roma, la ribera del Támesis en Londres, el entorno del Palacio de los Emiratos en Abu Dabi, la explanada junto al Estadio Olímpico de Berlín o el trazado junto al Bund en Shanghái son algunos de los fondos visuales más impresionantes que ha producido el automovilismo mundial en los últimos años. Cada ciudad que acoge un E-Prix pone en valor su propio patrimonio urbano, y los productores de televisión del campeonato trabajan expresamente para mostrar los monumentos y paisajes locales mientras los monoplazas ruedan.
La elección de las ciudades no es aleatoria. La Fórmula E busca activamente capitales con ambición de liderazgo en movilidad sostenible, ciudades que estén apostando por la electrificación del transporte o que quieran comunicar un mensaje de modernidad tecnológica. Ser sede de un E-Prix tiene un valor de marca importante para la ciudad anfitriona, que durante unos días se convierte en el centro de atención del automovilismo mundial. Las negociaciones entre la organización del campeonato y los ayuntamientos incluyen habitualmente compromisos de las ciudades en materia de movilidad sostenible, lo que convierte el E-Prix en algo más que una carrera.
Los escenarios más espectaculares de la historia de la Fórmula E combinan valor arquitectónico con dificultad técnica. El E-Prix de Hong Kong, con el skyline de la ciudad como fondo, las carreras nocturnas bajo las luces de las ciudades asiáticas o el trazado de Diriyah en Arabia Saudí —con las murallas de la ciudad histórica como telón de fondo— han producido imágenes que se han convertido en iconos visuales del campeonato y del automovilismo contemporáneo.