La temporada 5 de la Fórmula E (2018-19) marcó un punto de inflexión en la historia del campeonato. La llegada del Gen2 —el segundo monoplaza estándar de la categoría— supuso el salto tecnológico que la Fórmula E necesitaba para ser tomada completamente en serio. Diseñado con líneas mucho más agresivas y aerodinámicamente avanzadas que el Gen1, el nuevo coche era más rápido, más potente y, sobre todo, tenía la autonomía suficiente para completar los 45 minutos de carrera sin necesidad de cambiar de vehículo a mitad del E-Prix.
La eliminación del cambio de coche fue revolucionaria para el campeonato. Durante las primeras cuatro temporadas, ese momento de transición había sido a la vez un elemento espectacular y una rémora de credibilidad: ver a un piloto salir de un coche y subirse a otro en mitad de una carrera de Fórmula era algo que no existía en ninguna otra categoría del automovilismo de primer nivel. Para algunos era un espectáculo fascinante; para otros, la prueba de que la tecnología eléctrica no estaba todavía lista para el deporte de alto nivel. Con el Gen2, ese debate quedó cerrado. La batería de Williams Advanced Engineering había evolucionado lo suficiente para hacer innecesaria la parada.
La era Gen2 también coincidió con la llegada de los grandes fabricantes al campeonato. Porsche, BMW, Mercedes y Jaguar se incorporaron en las temporadas 5 y 6, convertida la Fórmula E en el escenario donde las marcas más importantes del automovilismo querían demostrar su capacidad tecnológica en el ámbito eléctrico. El campeonato ganó relevancia mediática y técnica, y los presupuestos de los equipos crecieron de forma significativa. El Gen2 estuvo en activo durante cuatro temporadas, hasta que en 2022-23 llegó el Gen3.