La gestión energética es el corazón de la Fórmula E. Mientras que en la Fórmula 1 la estrategia principal gira en torno a los neumáticos y el combustible, en la Fórmula E todo depende de los kilovatios-hora disponibles en la batería. El reglamento fija un límite máximo de 52 kWh utilizables durante la carrera, y el piloto que mejor administre ese presupuesto energético tendrá una ventaja real sobre sus rivales. No se trata solo de ir rápido: se trata de ir lo más rápido posible durante el tiempo que dure el E-Prix sin quedarse sin energía.
La frenada regenerativa es la herramienta clave para recuperar energía durante la carrera. Cuando el piloto levanta el pie del acelerador o activa los frenos, el motor eléctrico invierte su funcionamiento y actúa como generador, convirtiendo la energía cinética del coche en electricidad que se devuelve a la batería. Los circuitos urbanos de la Fórmula E, con sus múltiples frenadas y cambios de dirección, son especialmente propicios para la regeneración: en algunos circuitos, los pilotos recuperan hasta el 20-25% de la energía consumida gracias a la frenada regenerativa. La eficacia en las frenadas no solo determina el tiempo de vuelta, sino también la cantidad de energía disponible para el resto de la carrera.
La potencia disponible se gestiona a través de varios modos preestablecidos que el piloto puede seleccionar desde el volante. Hay modos de bajo consumo para las fases de tráfico o neutralización, y modos de máxima potencia para los momentos de ataque. El equipo de ingeniería en el muro monitoriza el consumo en tiempo real y comunica al piloto mediante radio o mensajes en el volante si debe ahorrar energía o si tiene margen para empujar. El equilibrio entre velocidad inmediata y reserva de energía para los momentos decisivos del final de carrera es lo que separa a los campeones de los que se quedan sin energía en la última vuelta.