La nota E es la parte del sistema de puntuación que evalúa cómo se hacen los elementos, no cuáles se hacen. Si la nota D mide la ambición técnica, la nota E mide la excelencia de la ejecución. Este componente es, en teoría, el más objetivo de los dos: hay una lista precisa de deducciones para cada tipo de error, y los jueces deben aplicarlas consistentemente. En la práctica, la evaluación sigue siendo un proceso humano con márgenes de interpretación, lo que explica por qué las divergencias entre los distintos jueces de ejecución son habituales incluso en el más alto nivel.
El sistema de deducciones de la nota E está diseñado para premiar la técnica perfecta y penalizar de forma progresiva los errores según su magnitud. Un pequeño desequilibrio en un aterrizaje puede restar apenas 0,1 puntos; una pierna claramente flexionada durante un elemento de fuerza puede costar 0,3; una caída completa resta un punto entero. La acumulación de pequeños errores es lo que diferencia a los mejores gimnastas del mundo entre sí: en una final olímpica, la diferencia entre el primer y el cuarto puesto puede ser de menos de 0,3 puntos en la nota E, lo que equivale a unos pocos detalles imperceptibles para el ojo no entrenado.
Existe un debate permanente en la comunidad gimnástica sobre la relación entre la nota D y la nota E. En el sistema actual, una nota D muy alta puede compensar errores de ejecución significativos, lo que lleva a que ejercicios muy difíciles pero imperfectos puedan superar a ejercicios más sencillos pero ejecutados de manera impecable. Algunos críticos argumentan que esto desincentiva la búsqueda de la perfección técnica en favor de la acumulación de dificultad, un debate que la FIG ha intentado abordar en las sucesivas revisiones del Código de Puntuación sin resolverlo completamente.