La rondada es uno de los elementos más funcionales de la gimnasia artística. A diferencia de la mayoría de los elementos del Código de Puntuación, cuyo valor reside en sí mismos, la rondada existe casi exclusivamente para hacer posible otro elemento. Su función es la de un transformador: toma la velocidad lineal de la carrera, la invierte de dirección y la convierte en impulso hacia atrás. Sin una rondada eficiente, los mortales atrás y los flic-flacs de alta dificultad no son posibles con la altura y la velocidad necesarias para el nivel competitivo actual.
La técnica de la rondada parece sencilla pero esconde detalles importantes. El primer apoyo de manos debe realizarse con el brazo ligeramente girado hacia dentro para facilitar la unión de las piernas en el aire; las caderas deben llegar al punto más alto antes de que el segundo apoyo toque el suelo; y el empuje de brazos en el momento de despegar del suelo debe ser enérgico y preciso para generar el mayor impulso posible. Una rondada con brazos débiles o con las piernas separadas pierde potencia y compromete todos los elementos que vienen a continuación.
En el contexto del potro, la rondada adquiere una importancia aún mayor como parte de la entrada Yurchenko. La calidad de la rondada determina la potencia disponible para el trampolín y, por tanto, la altura y la velocidad del salto completo. Es por eso que los gimnastas trabajan su rondada de potro de manera específica, diferenciada del trabajo de rondada para suelo: los ángulos de aproximación, la velocidad y la forma de llegar al trampolín son distintos y requieren un entrenamiento propio. Un especialista del potro puede pasar años perfeccionando los centímetros finales de su rondada de entrada para exprimir cada décima de nota D disponible.