El 18 de julio de 1976 es la fecha que la gimnasia artística señala como el momento en que el deporte tocó la perfección por primera vez. Una gymnasta de 14 años, en el Forum de Montreal, ante miles de espectadores y las cámaras de televisión de todo el mundo, ejecutó un ejercicio sobre las barras asimétricas que los jueces no tuvieron más opción que puntuar con el número reservado para lo imposible: el 10.
El contexto histórico: la búsqueda de la perfección
El sistema de puntuación de la gimnasia artística de la época establecía que la nota máxima posible era 10. Era el ideal: la puntuación que significaba que el ejercicio había sido perfectamente ejecutado, sin ningún error, con la máxima amplitud en todos los elementos y la expresión artística más completa posible. Desde la implementación del sistema, nadie había llegado a esa cifra en una competición de nivel olímpico.
En los años previos a Montreal, había habido puntuaciones muy altas —notas de 9,8 y 9,9 en competiciones mundiales— que habían hecho pensar que el 10 era teóricamente alcanzable. Pero “teóricamente alcanzable” no es lo mismo que esperado, y ningún organizador olímpico había programado el marcador electrónico para mostrar esa posibilidad.
El ejercicio: barras asimétricas, 18 de julio de 1976
El ejercicio de barras asimétricas de Nadia Comaneci en Montreal fue construido sobre los elementos más difíciles de la época: combinaciones de giros, transiciones entre las dos barras, sueltas y la bajada final. Cada elemento fue ejecutado con la precisión milimétrica que diferencia la perfección de la excelencia: las piernas completamente estiradas, los pies con puntas, los ángulos articulares exactos, el ritmo perfecto entre los elementos.
Cuando aterrizó la bajada y se cuadró ante los jueces, el estadio sabía que había visto algo excepcional. El ruido del público antes de que se publicara la nota ya anunciaba que había algo especial. Los jueces deliberaron brevemente: todos veían lo mismo. El 10 fue unánime.
El marcador que dijo 1.00
La consecuencia más famosa de ese 10 perfectotuvo lugar en el marcador electrónico. El sistema tenía tres dígitos y podía mostrar puntuaciones de 0.00 a 9.99. El 10 no cabía. El primer dígito del número 10 no tenía espacio en el display. El sistema resolvió el problema de la única manera que podía: mostró 1.00.
Ese 1.00 que apareció en la pantalla cuando el estadio esperaba ver el 10 es una de las imágenes más icónicas de la historia del deporte. Requirió unos segundos de confusión y la confirmación por megafonía para que el público entendiera lo que había pasado. Luego vino la ovación.
Siete 10 perfectos en diez días
Lo que hace el récord de Comaneci aún más extraordinario es que el primer 10 perfecto no fue el único: en los diez días que duró la competición olímpica, Comaneci consiguió siete puntuaciones perfectas en diferentes aparatos y diferentes rondas de competición. No fue un accidente o un momento único de inspiración: fue la consecuencia de un nivel de perfección técnica sostenido durante toda la competición.
El fin del 10 perfecto como sistema
Paradójicamente, el 10 perfecto que Comaneci convirtió en el símbolo máximo del deporte acabó siendo eliminado del sistema de puntuación en 2006. La reforma del Código de Puntos sustituyó el máximo de 10 por un sistema abierto donde la nota de dificultad puede crecer indefinidamente. El concepto del “10 perfecto” ya no existe en la gimnasia artística moderna.
Pero el momento de Comaneci en Montreal no necesita del sistema vigente para ser recordado. Es parte de la historia del deporte olímpico con la misma permanencia que el salto de Bob Beamon en México 1968 o los cuatro oros de Jesse Owens en Berlín 1936: un momento en que un ser humano hizo algo que parecía imposible, y lo hizo en el escenario más grande del mundo.