El búnker es uno de los elementos más característicos e intimidantes del diseño de los campos de golf. Son depresiones en el terreno rellenas de arena, cuidadosamente integradas en el recorrido para crear obstáculos estratégicos que penalicen los golpes imprecisos. Existen dos tipos principales: los búnkeres de fairway, que interceptan los drives demasiado desviados o cortos, y los búnkeres de green, que rodean la zona de putter para dificultar las aproximaciones al hoyo.
Jugar desde un búnker requiere una técnica específica diferente a la del juego desde hierba. El golpe de arena (sand shot) consiste en no impactar directamente la bola, sino en hacer que la cabeza del palo entre en la arena varios centímetros por detrás de la bola, de modo que una capa de arena empuje la bola hacia adelante y arriba. Para ello se usa el sand wedge, un palo diseñado con una suela ancha y mucho ángulo de loft que permite deslizarse bajo la bola sin hundirse en la arena.
Una de las reglas específicas del búnker es que el jugador no puede apoyar el palo en la arena antes de ejecutar el golpe de práctica ni durante el proceso de preparación, bajo pena de penalización. El jugador tampoco puede tocar la arena con la mano para testarla. Los mejores golfistas del mundo son capaces de salir del búnker de green y dejar la bola muy cerca del hoyo, e incluso embocar directamente desde la arena, en una jugada que recibe el nombre de «bunker hole-out».