El caddie es una figura tan antigua como el propio golf. En sus orígenes, el término proviene del francés «cadet» (joven asistente) y en el golf escocés del siglo XVII designaba a los jóvenes que transportaban los escasos palos de los jugadores adinerados. Hoy, en el golf profesional, el caddie es mucho más que un portador de bolsa: es un asesor de confianza, un analista del campo y un apoyo emocional durante la competición.
Las responsabilidades del caddie moderno son amplias y exigentes. Antes del torneo, el caddie recorre el campo junto al jugador, mide distancias, analiza posiciones de bandera y estudia las condiciones del recorrido. Durante la ronda, calcula distancias exactas (tanto con pasos como con dispositivos GPS), lee el verde en los putts, aconseja sobre qué palo usar en cada situación y ayuda a gestionar el ritmo y el estado anímico del jugador. Cuando surge una situación de reglas dudosa, el caddie también actúa como primer referente.
Las parejas caddie-jugador más famosas de la historia del golf son parte del imaginario del deporte. Steve Williams y Tiger Woods, Jim Mackay y Phil Mickelson, o Bernhard Langer con su caddie de décadas son ejemplos de relaciones de larga duración construidas sobre la confianza mutua. El vínculo entre jugador y caddie es tan personal que cambiar de caddie suele ser noticia en el mundo del golf. En el circuito profesional, los mejores caddies son fichados activamente y su experiencia en campos concretos puede ser un factor decisivo en el resultado de un torneo.