Lo que el cuerpo humano puede hacer en dos segundos
La halterofilia es uno de los deportes más incomprendidos por el público general. Cuando la gente piensa en levantar pesas, imagina una actividad lenta y de fuerza bruta. La realidad es radicalmente diferente: el arranque olímpico —la modalidad más técnica de la halterofilia— es, según los fisiólogos del deporte, uno de los movimientos atléticos más complejos y explosivos que existe.
En el arranque, el halterófilo debe elevar una barra desde el suelo hasta por encima de la cabeza con los brazos extendidos en un único movimiento fluido que dura menos de dos segundos. La secuencia implica una primera tirón desde el suelo, una segunda tirón explosiva que genera la potencia necesaria, una fase de recepción en squat profundo con la barra ya por encima de la cabeza, y una recuperación hasta la posición vertical. Todo ello con cientos de kilogramos.
Los fisiólogos han medido que durante la fase de tirón, un halterófilo de élite genera una potencia de entre 3.000 y 5.000 vatios durante un período de milisegundos. Para comparar, un ciclista profesional en pleno sprint puede generar unos 1.500-2.000 vatios durante unos segundos. El halterófilo genera el doble de potencia, pero solo durante una fracción de segundo.
Los números que no deberían ser posibles
Los récords mundiales actuales de halterofilia son tan extremos que resultan difíciles de conceptualizar. El georgiano Lasha Talakhadze, en la categoría de más de 109 kg, tiene los récords mundiales de arranque (225 kg), dos tiempos (265 kg) y total (488 kg), todos establecidos en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.
Talakhadze pesa aproximadamente 170 kg. En dos tiempos levanta 265 kg, lo que significa que está levantando más de un 55% adicional de su propio peso corporal por encima de la cabeza. Para un ser humano no entrenado, levantar el equivalente a su propio peso desde el suelo ya es una hazaña. Talakhadze levanta más de dos veces y media su peso hasta la posición más alta que puede alcanzar con los brazos extendidos.
En las categorías de menor peso corporal, las cifras relativas son aún más impresionantes. Halterófilos en la categoría de 61 kg han llegado a levantar más de 170 kg en arranque, lo que representa casi tres veces su propio peso corporal en un movimiento que dura menos de dos segundos.
La paradoja de la categoría de peso
Uno de los aspectos más contraintuitivos de la halterofilia es que, en términos relativos, los atletas más pequeños son los más fuertes. En las categorías de menos peso, los levantadores típicamente alcanzan ratios de fuerza relativa (peso levantado dividido por peso corporal) muy superiores a los de las categorías pesadas.
Esto tiene una explicación biomecánica: la fuerza muscular crece en proporción al área de sección transversal del músculo (que escala con el cuadrado de las dimensiones lineales del cuerpo), pero el peso corporal crece en proporción al volumen (que escala con el cubo). Un atleta el doble de grande tiene músculo cuatro veces más fuerte pero pesa ocho veces más. Por esto los halterófilos más livianos, aunque levanten menos en términos absolutos, levantan más en relación a su propio peso.
Esta paradoja biológica es tan bien conocida en el deporte que el coeficiente Sinclair —una fórmula matemática que permite comparar el rendimiento entre categorías de peso— es la herramienta estándar para determinar quién es el “campeón de campeones” olímpico, el mejor halterófilo de todos los pesos.
El récord que tardó 20 años en romperse
Durante mucho tiempo, el récord olímpico en dos tiempos de la categoría de más de 110 kg perteneció al soviético Vasily Alekseyev, que en los Juegos de Montreal 1976 levantó 255 kg, un registro que no fue superado hasta décadas después. Alekseyev era una figura tan dominante de su deporte que durante los años 70 era considerado el hombre más fuerte del planeta, con un historial de 80 récords mundiales consecutivos.
Lo que pocos saben de Alekseyev es que su preparación física era completamente opuesta a la imagen de disciplina espartana que suele asociarse con los atletas soviéticos: el levantador soviético era famoso por su afición a la buena comida, su notable barriga y su rechazo de los regímenes de entrenamiento estrictos. Entrenaba a su manera, comía abundantemente, y seguía siendo imbatible. Una anomalía viviente que desafiaba todas las teorías del entrenamiento de su época.