Hay prodigios del deporte y hay fenómenos de la naturaleza. Naim Süleymanoglu fue ambas cosas al mismo tiempo. Un hombre de 1,47 metros que movía pesos que hombres dos veces más grandes que él no conseguían levantar. Una historia personal tan turbulenta como sus hazañas deportivas.
Los inicios bajo el régimen búlgaro
Naim Suleimanov —ese era su nombre original— nació el 23 de enero de 1967 en Pticevo, Bulgaria, en el seno de una familia de etnia turca. Los turcos étnicos de Bulgaria sufrían una persecución sistemática por parte del régimen comunista, que les obligó a cambiar sus nombres por nombres búlgaros y les prohibió hablar su lengua.
En ese contexto, el talento de Naim para la halterofilia fue descubierto desde niño. A los 14 años ya establecía récords mundiales en categorías juveniles. El régimen búlgaro lo utilizaba como herramienta de propaganda, pero Naim nunca se sintió búlgaro. Su lengua era el turco, su identidad era turca y su deseo de escapar era creciente.
En 1986, durante una competición internacional en Melbourne, Naim desapareció del hotel del equipo búlgaro y solicitó asilo en la embajada turca. Turquía, que había seguido su carrera con atención, negoció con Bulgaria su traspaso bajo bandera turca. La cifra que se mencionó fue un millón de dólares. Naim Suleimanov se convirtió en Naim Süleymanoglu y empezó a competir por la nación que siempre sintió como suya.
Logros y récords olímpicos
En Seúl 1988, Süleymanoglu realizó ante el mundo entero la actuación más asombrosa de la historia de la halterofilia. En la categoría de 60 kg, un hombre que pesaba 62 kg levantó 190 kg en arranque y 225 en dos tiempos, para un total de 342,5 kg. Fue el primer ser humano en la historia en levantar tres veces su peso corporal. La audiencia turca que siguió la retransmisión enloqueció.
En Barcelona 1992 repitió el oro, rompiendo nuevamente sus propios récords mundiales. En Atlanta 1996, ya con 29 años y después de haberse retirado temporalmente, volvió para ganar su tercer oro olímpico. Se convirtió así en el primer halterófilo en ganar tres oros olímpicos consecutivos, un logro que muy pocos deportistas en cualquier disciplina han conseguido.
A lo largo de su carrera estableció 46 récords mundiales. Es el número más alto alcanzado por cualquier halterófilo de la historia.
Estilo y técnica
Lo que hacía de Süleymanoglu algo imposible de comprender a primera vista era la velocidad de su arranque. La mayoría de los halterófilos grandes tardan un instante en completar el movimiento; Naim lo hacía con una explosividad tal que la barra parecía subir sola. Su coordinación entre piernas, cadera y brazos era casi perfecta, fruto de miles de horas de entrenamiento que comenzaron cuando era un niño.
Su pequeño tamaño le daba una ventaja biomecánica en la relación palanca-fuerza que compensaba sobradamente su menor altura. Era más fuerte que hombres que pesaban el doble que él.
Impacto y legado
Süleymanoglu se convirtió en héroe nacional en Turquía, un país donde la halterofilia tiene una larga tradición y donde sus victorias eran celebradas en las calles. Fue nombrado ciudadano del año en múltiples ocasiones y recibió honores del Estado turco.
Su historia personal —el niño perseguido por su identidad étnica que se convirtió en leyenda bajo la bandera de su nación— resonó mucho más allá del deporte. Falleció en noviembre de 2017 a los 50 años, dejando un legado que la halterofilia todavía no ha igualado.