El judo llega a los Juegos Olímpicos
El judo llegó a los Juegos Olímpicos de la mano de su propio país de origen. En Tokio 1964, cuando Japón organizó los primeros Juegos en Asia, el judo fue incluido en el programa oficial como homenaje al arte marcial desarrollado por Jigoro Kano a finales del siglo XIX. La decisión era lógica: el judo había nacido en Japón, tenía un sistema de reglas codificado y una filosofía de vida que encajaba perfectamente con los ideales olímpicos.
La primera edición olímpica fue un éxito de audiencia y de nivel competitivo. Sin embargo, el judo fue excluido del programa en los Juegos de México 1968 (la única vez en la historia), para ser reincorporado definitivamente en Múnich 1972 y no ausentarse nunca más.
El judo femenino tardó más en llegar: las mujeres compitieron como deporte de demostración en Los Ángeles 1984 y consiguieron el pleno reconocimiento olímpico en Barcelona 1992.
Categorías y formato de competición olímpica
El torneo de judo olímpico se disputa en siete categorías de peso masculinas y siete femeninas. Cada categoría se celebra en un solo día, con un sistema de eliminación directa que incluye repechage para los judokas eliminados por los finalistas. Esto significa que no existe un único bronce, sino dos medallas de bronce por categoría.
El sistema de puntuación del judo moderno busca la victoria limpia: una proyección que coloca al rival en el suelo con una caída plena otorga el ippon y el triunfo inmediato. Las proyecciones parciales o las inmovilizaciones se puntúan con waza-ari, y dos waza-ari equivalen a un ippon. El combate tiene una duración de cuatro minutos en el tiempo reglamentario, con una prórroga de muerte súbita (golden score) si el marcador está igualado al final.
Desde Tokio 2020, el programa olímpico incorporó también una prueba por equipos mixtos (tres hombres y tres mujeres por equipo), una novedad bien recibida que añadió una dimensión colectiva al judo olímpico.
Japón: el dueño del tatami olímpico
Japón ha sido, lógicamente, el gran dominador del judo olímpico a lo largo de la historia. Los japoneses ven en el judo algo más que un deporte: es una parte fundamental de su cultura, y la educación en el tatami forma parte del currículo escolar. Esta base cultural y educativa produce una cantera inagotable de judokas de altísimo nivel.
Sin embargo, la historia olímpica del judo también ha vivido momentos de sorpresa que han roto el dominio japonés. En Tokio 1964, el holandés Anton Geesink ganó la categoría abierta (sin límite de peso) ante el público japonés, una victoria que demostró que el judo ya era un deporte global y que Japón podía ser derrotado.
Las grandes potencias europeas
Europa ha producido algunos de los mejores judokas de la historia. Francia es la nación europea con mayor palmarés olímpico y mundial, con una tradición que combina técnica y espíritu combativo. Judokas como David Douillet (dos oros olímpicos en los años 90), Teddy Riner (once títulos mundiales y tres oros olímpicos) o Clarisse Agbegnenou son referentes absolutos.
Georgia y los países del Cáucaso han producido generaciones de judokas de élite, especialmente en las categorías más pesadas. Rusia, Cuba, Corea del Sur y Brasil también tienen una tradición sólida en el deporte, lo que lo convierte en una de las disciplinas olímpicas más internacionalizadas.
El judo olímpico en España
España tiene una historia digna en el judo olímpico, aunque sin el esplendor de las grandes potencias. La selección española ha participado en numerosas ediciones y ha conseguido medallas en distintas categorías. El trabajo de base de la Real Federación Española de Judo y su sistema de competición ha producido atletas capaces de competir al máximo nivel internacional.