El karate es hoy uno de los deportes de combate más practicados del mundo, con millones de seguidores en más de cien países. Sin embargo, su historia es mucho más oscura y accidentada de lo que sugiere su imagen deportiva actual. Nació en el anonimato forzado de una isla sometida, sobrevivió a siglos de opresión y llegó al mundo gracias a un maestro que lo convirtió en filosofía.
Okinawa: la isla que ocultó su arte
El karate no nació en Japón sino en Okinawa, una isla que durante siglos fue la capital del Reino de Ryukyu, un estado independiente con estrechas relaciones comerciales con China. De esa relación con China llegaron las primeras influencias del kung-fu que se fusionaron con las técnicas locales de combate denominadas “te”.
La particularidad de Okinawa es que las circunstancias históricas convirtieron el combate sin armas en una necesidad. Cuando el clan japonés Satsuma conquistó el reino en 1609, prohibió el uso de armas a la población local. El resultado involuntario fue que los okinawenses refinaron y sistematizaron sus técnicas de combate sin armas, que se practicaban en secreto y se transmitían de maestro a discípulo de forma casi clandestina.
Gichin Funakoshi y la exportación del karate
Durante siglos, el karate fue un secreto bien guardado de Okinawa. La figura que lo llevó al resto del mundo fue Gichin Funakoshi, un maestro de escuela primaria nacido en 1868 que dedicó su vida a perfeccionar y enseñar el arte.
En 1922, el Ministerio de Educación japonés invitó a Funakoshi a demostrar el karate en Tokio durante una exhibición de artes marciales. La actuación causó tal impresión que Funakoshi decidió quedarse en la capital y abrir una escuela. Lo que empezó como una visita temporal se convirtió en el inicio de la expansión global del karate.
El cambio de nombre: de “mano china” a “mano vacía”
Uno de los episodios más reveladores de la historia del karate es el cambio de su nombre. La denominación original era “tode” o “karate” con el kanji chino de “Tang” (la dinastía china), que se leía “kara” en japonés y significaba “mano china”, reconociendo explícitamente la deuda con el kung-fu.
En los años 30, con el auge del nacionalismo japonés y la guerra contra China, Funakoshi y otros maestros cambiaron el kanji por uno diferente, que también se leía “kara” pero significaba “vacío”. El arte pasó así de ser la “mano china” a ser la “mano vacía”, borrando la referencia a China en un momento políticamente complicado.
Las escuelas: un mundo dentro de un arte
Una de las peculiaridades del karate que más confunde a los no practicantes es la multiplicidad de estilos. No existe un único karate: hay decenas de escuelas (ryu) con técnicas, filosofías y enfoques diferentes. Las más conocidas son el Shotokan (fundado por Funakoshi), el Kyokushinkai (el más duro, con contacto completo) y el Shito-ryu. Cada escuela tiene su propio conjunto de kata y sus propias reglas de combate, lo que hace que dos practicantes de karate de distintas escuelas puedan tener experiencias muy diferentes del mismo arte.