La historia del karate olímpico es una de las más agridulces del deporte mundial: décadas de lucha para entrar en el programa, un debut brillante en Tokio 2020 y una exclusión fulminante antes de poder consolidarse. Lo que debía ser el inicio de una era olímpica se convirtió en un único capítulo.
Décadas de candidatura frustrada
La World Karate Federation (WKF) lleva décadas solicitando al Comité Olímpico Internacional la inclusión del karate en los Juegos. El mayor obstáculo siempre fue la fragmentación del mundo del karate: la existencia de múltiples federaciones y estilos dificultaba presentar un deporte unificado con reglas claras y universales.
En distintas ediciones, el karate estuvo muy cerca de entrar en el programa olímpico y no lo consiguió. La candidatura de Barcelona 1992, los Juegos de Sydney 2000 o los de Atenas 2004 fueron ocasiones en las que el karate parecía a punto de dar el salto y finalmente no lo hizo.
Tokio 2020: el sueño cumplido en el peor momento
La inclusión del karate en los Juegos de Tokio 2020 fue recibida con euforia en el mundo del karate. Por primera vez, los mejores karatekas del mundo iban a competir en la cita olímpica más importante. El hecho de que los Juegos se celebraran en Japón, cuna del karate moderno, añadía un simbolismo especial.
Sin embargo, la pandemia de COVID-19 obligó a aplazar los Juegos a 2021 y a celebrarlos sin público en las instalaciones. Las competiciones de karate se disputaron en el Nippon Budokan ante gradas vacías, privando al deporte de la vitrina televisiva que necesitaba para justificar su presencia olímpica.
Los medallistas de oro en Tokio 2020 entraron en los libros de historia como los únicos campeones olímpicos de karate hasta la fecha: Sandra Sánchez (España) en kata femenino, Damián Quintero (España) y Sajad Ganjzadeh entre los destacados del kumite.
El drama de la exclusión
Mientras los karatekas de Tokio aún celebraban sus medallas, el COI comunicó que el karate no estaría en París 2024. La decisión fue un golpe devastador para la comunidad karatelca mundial. El argumento del COI fue que los Juegos debían reducir el número de deportes y que el karate no había generado suficiente audiencia televisiva.
La ironía es que España se convirtió en el país con más medallas de oro en la única edición olímpica de karate, gracias a Sandra Sánchez y otros atletas. Un palmarés olímpico que no podrá ampliarse salvo que el karate regrese al programa olímpico en ediciones futuras.
Kata vs. kumite: dos mundos dentro de un deporte
Uno de los aspectos más curiosos del karate olímpico es que compitieron dos disciplinas completamente diferentes entre sí. El kata es una ejecución individual de una secuencia de técnicas predefinida, juzgada por árbitros según criterios estéticos y técnicos, similar a la gimnasia rítmica. El kumite es un combate real entre dos adversarios con contacto controlado.
Que dos disciplinas tan distintas lleven el mismo nombre de “karate” explica en parte la dificultad que tiene el deporte para comunicar al gran público qué es exactamente y por qué es emocionante.