Si el Comité Olímpico Internacional es la cima del reconocimiento deportivo, los Juegos Mundiales son el escalón justo por debajo: el escaparate donde los deportes que aspiran a la inclusión olímpica demuestran su organización, su nivel competitivo internacional y su capacidad de espectáculo. Y el kickboxing lleva varios ciclos en ese escaparate.
Qué son los Juegos Mundiales
Los Juegos Mundiales (The World Games) son un evento multideportivo organizado por la IWGA (International World Games Association) cada cuatro años, en el año siguiente a los Juegos Olímpicos. Reúnen deportes que no forman parte del programa olímpico permanente, algunos porque son demasiado nuevos, otros porque el COI considera que el programa olímpico ya está saturado.
La lista de deportes de los Juegos Mundiales incluye disciplinas tan diversas como el tiro con arco de campo, el rugby playa, el powerlifting, el squash, el lacrosse o el kickboxing. Para muchos de estos deportes, los Juegos Mundiales son la competición de mayor prestigio después de sus propios mundiales federativos.
La conexión con el olimpismo es directa: varios deportes que estuvieron en los Juegos Mundiales terminaron siendo incorporados al programa olímpico. El rugby sevens, el golf o el taekwondo siguieron ese camino. El kickboxing espera que su trayectoria sea similar.
El kickboxing en los Juegos Mundiales
El kickboxing entró en el programa de los Juegos Mundiales gracias a la WAKO, que había ido consolidando su estructura organizativa internacional a lo largo de los años. La presencia del kickboxing en los Juegos Mundiales demostró que el deporte tenía la infraestructura institucional, la representación internacional y el nivel técnico necesarios para competir en un evento de estas características.
Las modalidades que se incluyen en los Juegos Mundiales son principalmente las más controladas: semi contact, light contact y full contact. Las modalidades de mayor contacto y mayor riesgo, como el low kick, tienen una presencia más limitada en eventos con vocación masiva y de gran diversidad de niveles.
Las competiciones son eliminatorias directas por categorías de peso, y los países con mayor tradición competitiva —Italia, Países Bajos, Francia, Hungría, Rusia y los países del este de Europa— suelen dominar los podios.
El reconocimiento del COI: el paso decisivo
El hito más importante en el camino olímpico del kickboxing fue el reconocimiento de la WAKO por el Comité Olímpico Internacional en 2018. Este reconocimiento no significa que el kickboxing vaya a ser olímpico automáticamente, pero es el requisito previo indispensable: ningún deporte puede ser considerado para el programa olímpico si su federación internacional no está reconocida por el COI.
El proceso de inclusión olímpica implica varios pasos más: el deporte debe demostrar que se practica en un número suficiente de países y continentes, que tiene un sistema efectivo de lucha contra el dopaje, que tiene buena gobernanza y que genera suficiente interés mediático y de patrocinadores. El kickboxing cumple algunos de estos criterios con comodidad (presencia global, base de practicantes enorme) pero tiene más dificultades en otros (la fragmentación organizativa, la competencia del MMA por el talento y el espectador).
El reto: la competencia interna del combate
El mayor obstáculo del kickboxing para el olimpismo no está en su estructura institucional sino en la competencia interna del mundo del combate. Los Juegos Olímpicos ya incluyen boxeo, taekwondo, lucha libre y judo. Añadir el kickboxing implicaría sumar un quinto deporte de combate de pie en un programa que el COI quiere mantener manejable en tamaño.
El karate —que fue deporte olímpico en Tokio 2020 pero no fue incluido en el programa permanente— ilustra bien la dificultad: incluso con reconocimiento y popularidad global, la inclusión olímpica no está garantizada. El kickboxing sigue trabajando para demostrar que es lo suficientemente diferente y lo suficientemente popular como para merecer su propio espacio en los Juegos.