En la historia centenaria de la lucha olímpica, nadie —ni hombre ni mujer— ha ganado más de cuatro medallas de oro en el torneo olímpico individual. Ese número, 4, pertenece a Kaori Icho, la luchadora japonesa que dominó la categoría femenina de 63 kg (y luego 58 kg) durante doce años consecutivos de Juegos Olímpicos.
Un récord construido edición a edición
Lo que hace especial el récord de Icho es que no fue producto de un momento de forma excepcional o de un sorteo favorable: fue el resultado de cuatro ciclos olímpicos distintos, con cuatro generaciones de rivales diferentes, cuatro periodos de preparación bajo la presión de ser la favorita.
En Atenas 2004, Icho era una joven de 19 años que debutaba en los primeros Juegos con lucha femenina. Ganó el oro con la frescura de quien aún no siente el peso de las expectativas.
En Pekín 2008, ya era la defensora del título y la favorita. La presión aumentaba. Ganó el oro de nuevo, confirmando que no era una campeona de un día.
En Londres 2012, con 27 años, estaba en la plenitud de su madurez deportiva. El tercer oro olímpico la igualaba con los grandes nombres de la lucha olímpica. Pero Icho no había terminado.
En Río de Janeiro 2016, el desafío era doble: además de ganar, tenía que hacerlo en una categoría diferente. La UWW había suprimido la categoría de 63 kg y Icho tuvo que bajar a 58 kg, un proceso duro que requirió meses de adaptación. Lo consiguió. Cuarto oro olímpico.
La magnitud del logro
Para dimensionar el récord de Icho, hay que compararlo con los grandes del deporte. En atletismo, Carl Lewis ganó 4 oros olímpicos, pero en eventos distintos y en un formato que permite múltiples competiciones por edición. En natación, Michael Phelps acumuló más de una docena de oros, pero también compitiendo en múltiples pruebas por edición.
En la lucha olímpica, cada luchador compite en una sola categoría y puede ganar un solo oro por edición. Cuatro oros olímpicos implica cuatro ediciones distintas, doce años mínimo de nivel olímpico de oro. Es una exigencia de longevidad y consistencia que no tiene equivalente en casi ningún otro deporte olímpico.
El récord de Kaori Icho seguirá siendo el punto de referencia de la lucha olímpica durante generaciones.