Errores más comunes al empezar en natación en aguas abiertas
La natación en aguas abiertas no es nadar en piscina sin paredes. Es un deporte con sus propias habilidades, sus propios miedos y sus propias trampas. Nadadores muy competentes en piscina descubren que el lago o el mar les pone ante retos completamente nuevos. Estos son los errores que casi todos cometen en sus primeras experiencias en aguas abiertas.
1. No practicar el sighting (orientación activa)
En piscina, el nadador nunca pierde la dirección. En aguas abiertas, sin líneas en el suelo ni paredes de referencia, la mayoría de personas se desvían lateralmente entre 5 y 20 metros por cada 100 metros nadados. Un principiante que no practica el sighting puede recorrer un 15-20 % más de distancia que el recorrido oficial simplemente por zigzaguear sin darse cuenta.
Cómo evitarlo: Incorporar el sighting desde la primera sesión en aguas abiertas. La técnica básica consiste en levantar los ojos —no la cabeza completa— justo antes de la fase de respiración, localizar la referencia visual elegida y volver a sumergirse en el mismo movimiento. Practicarlo cada 6-8 brazadas al principio, hasta que se vuelva automático.
2. Dejarse llevar por el pánico ante el espacio abierto
La ansiedad en aguas abiertas es mucho más común de lo que se reconoce públicamente. La combinación de no ver el fondo, no saber qué hay debajo, y la ausencia de un borde al que agarrarse puede desencadenar episodios de pánico incluso en nadadores técnicamente capaces. El pánico eleva la frecuencia cardíaca, dificulta la respiración y puede hacer que la persona abandone el agua precipitadamente.
Cómo evitarlo: La exposición gradual es la única solución efectiva. Empezar en aguas poco profundas, con visibilidad del fondo y cerca de la orilla. Aumentar la distancia y la profundidad solo cuando la sensación es completamente cómoda. Nunca nadar solo en las primeras sesiones: la presencia de un kayak de seguridad o de otro nadador reduce drásticamente la ansiedad.
3. Salir demasiado rápido al inicio
El primer kilómetro de una travesía en aguas abiertas —especialmente en competición— tiende a hacerse a un ritmo muy superior al sostenible. La adrenalina del entorno nuevo, el deseo de alejarse del tumulto de otros nadadores y la falta de referencias de ritmo llevan a los principiantes a salir a un paso que no pueden mantener, pagándolo con un agotamiento prematuro en la segunda mitad.
Cómo evitarlo: Establecer antes de entrar al agua cuál es el ritmo objetivo en base a los entrenamientos, y ceñirse a él independientemente de lo que hagan los demás nadadores. Una forma práctica es contar las brazadas durante los primeros 200 metros y verificar que el ritmo es el planificado. La paciencia en la salida se traduce en energía en la llegada.
4. Ponerse mal el traje de neopreno
Un neopreno mal colocado restringe el movimiento de los hombros, dificulta la respiración y provoca rozaduras en cuello y axilas. Es uno de los problemas más frecuentes y evitables. Los principiantes suelen ponerse el neopreno demasiado rápido, sin ajustar el material en las zonas críticas, y descubren el problema solo cuando ya llevan varios minutos nadando.
Cómo evitarlo: Dedicar al menos 10 minutos a ponerse el neopreno correctamente. El proceso implica subir el material desde los tobillos hacia arriba en pequeños ajustes, asegurarse de que no hay pliegues en las rodillas ni en la ingle, ajustar el material en los hombros antes de cerrar la cremallera, y comprobar que el cuello no aprieta en exceso. Probar el traje en casa antes de usarlo en el agua.
5. No adaptarse a la corriente ni leer el entorno
Los ríos, el mar y algunos lagos tienen corrientes que afectan significativamente a la trayectoria y al esfuerzo necesario. Un principiante que ignora la corriente puede estar nadando muy fuerte en apariencia pero sin avanzar, o puede estar siendo desviado sin saberlo. Del mismo modo, las olas del mar abiertan el patrón de respiración habitual, provocando que se trague agua.
Cómo evitarlo: Antes de entrar al agua, observar la superficie durante unos minutos para identificar la dirección y la intensidad de la corriente. En el mar, adaptar la respiración para no intentar coger aire cuando una ola está pasando por encima. Aprender a usar la corriente a favor cuando sea posible, planificando la entrada y la trayectoria en consecuencia.
6. No practicar el drafting
El drafting —nadar en la estela de otro nadador— puede reducir el gasto energético hasta en un 15-20 % en aguas abiertas. Es una habilidad legalmente permitida y ampliamente usada en competición. La mayoría de principiantes nadan de forma individual sin aprovechar esta ventaja, simplemente porque no han practicado cómo posicionarse correctamente respecto a otro nadador.
Cómo evitarlo: Practicar el drafting deliberadamente en entrenamientos. La posición óptima es a unos 30-50 cm detrás de los pies del nadador de referencia, ligeramente al lado para poder hacer sighting fácilmente. El drafting lateral —a la altura de las caderas del nadador de delante— también es efectivo y facilita la visibilidad.
7. Ignorar los riesgos de hipotermia
El agua fría extrae calor corporal mucho más rápido que el aire a la misma temperatura. Muchos principiantes subestiman este efecto, especialmente cuando el agua parece “soportable” al entrar. La hipotermia puede instalarse de forma progresiva e imperceptible durante una sesión larga, afectando primero a la coordinación y la claridad mental antes de que el nadador sienta frío real.
Cómo evitarlo: Conocer la temperatura del agua antes de cada sesión y planificar la duración y el equipamiento en consecuencia. Por debajo de 16 °C, el neopreno y los complementos térmicos (gorro, calcetines, guantes de neopreno) son necesarios para sesiones de más de 20 minutos. Tener siempre ropa seca y caliente esperando en la orilla. Ante cualquier signo de entumecimiento excesivo o confusión, salir del agua inmediatamente.
Las aguas abiertas ofrecen una experiencia de natación que ninguna piscina puede replicar. El espacio, la naturaleza y el reto de orientación hacen de este deporte algo único. Quien aprende a gestionar sus particularidades desde el principio descubre que nadar en un lago al amanecer o cruzar una bahía es una de las sensaciones más gratificantes del deporte al aire libre.