La natación en aguas abiertas combina el esfuerzo físico de la natación con los desafíos propios del entorno natural: temperatura, corrientes, oleaje y ausencia de la referencia visual constante que ofrece la línea del fondo de una piscina. Esta modalidad genera un perfil de lesiones propio, con algunos problemas exclusivos que no aparecen en la natación en piscina.
Lesiones más frecuentes
Síndrome del hombro del nadador. La inflamación del manguito rotador o del tendón del supraespinoso es la lesión más habitual en todos los estilos de natación. En aguas abiertas, el oleaje obliga a elevar más el codo durante la recuperación del brazo, lo que aumenta el estrés sobre los tendones del hombro.
Tendinitis del tendón de Aquiles y sobrecargas en el pie. El pateo continuo durante horas ejerce una tensión repetida sobre los flexores plantares. Sin el apoyo del bordillo que permite descansar en piscina, el esfuerzo del tobillo y el pie es mayor en largas distancias.
Cervicalgia por hiperextensión. La necesidad de levantar la cabeza frecuentemente para orientarse en aguas abiertas —sin las líneas del fondo como guía— genera una hiperextensión repetida del cuello que puede irritar las articulaciones facetarias y los músculos paravertebrales cervicales.
Hipotermia. Aunque no es una lesión deportiva en sentido estricto, la hipotermia es un riesgo real en aguas por debajo de los 18-20 °C. La pérdida de calor corporal deteriora la coordinación motora, aumenta el riesgo de calambres musculares y puede llevar a situaciones de emergencia médica.
Rozaduras y dermatitis por traje de neopreno. El cuello, las axilas y las ingles son las zonas más expuestas a la fricción continua del traje. Las rozaduras pueden ser superficiales pero extremadamente dolorosas e incapacitantes durante la prueba.
Conjuntivitis y otitis externas. El agua de mar, los ríos o los embalses puede contener bacterias y microorganismos que irritan los ojos y los oídos, causando infecciones que, aunque banales, obligan a parar el entrenamiento varios días.
Factores de riesgo
La temperatura del agua es el factor ambiental de mayor riesgo. Aguas por debajo de los 15 °C aumentan drásticamente la probabilidad de hipotermia y calambres. Nadar solo sin apoyo de embarcación en aguas abiertas es peligroso ante cualquier incidencia. La falta de técnica de orientación obliga a levantar la cabeza con demasiada frecuencia, sobrecargando el cuello. Un incremento excesivo del volumen de entrenamiento semanal es la causa principal de las lesiones por sobreuso en el hombro.
Cómo prevenirlas
Antes de meterte al agua, aplica vaselina o cremas antirrozaduras en cuello, axilas e ingles. Ajusta correctamente el traje de neopreno para que no queden pliegues que froten sobre la piel.
Practica la técnica de orientación (sighting) de forma eficiente: una elevación mínima de la cabeza cada 6-10 brazadas es suficiente. Mantener una buena rotación del tronco reduce el estrés sobre los hombros. Refuerza el manguito rotador con ejercicios de rotación externa con banda elástica dos o tres veces por semana.
Respeta las temperaturas mínimas de seguridad y usa traje de neopreno adecuado al agua. Nunca nades solo en aguas abiertas sin apoyo visible. Aclimatarte progresivamente al agua fría reduce el riesgo de shock térmico.
Recuperación
Las lesiones de hombro en nadadores requieren reposo relativo del estilo afectado y trabajo de fisioterapia con ejercicios excéntricos y de control neuromuscular escapular. La técnica debe corregirse antes de volver al volumen habitual de entrenamiento.
Las cervicalgias se tratan con movilizaciones cervicales suaves, calor local y corrección de la técnica de orientación. Si hay irradiación al brazo, es imprescindible la valoración médica para descartar compromiso radicular.
Ante los primeros signos de hipotermia (tiritona intensa, confusión, torpeza de movimientos), sal del agua de inmediato, cúbrete con ropa seca y consume bebidas calientes. En casos moderados o graves, acude a urgencias sin demora.