Cuando el público ve una rutina de natación artística, lo que percibe es elegancia, belleza y sincronía perfecta. Lo que no ve —porque las deportistas están entrenadas para ocultarlo— es el esfuerzo físico extraordinario que subyace a cada movimiento. La natación artística es uno de los deportes olímpicos más exigentes desde el punto de vista cardiovascular y muscular, y los datos científicos así lo confirman.
El trabajo en apnea
Quizás el aspecto más asombroso de la exigencia física de la natación artística es el trabajo en apnea. Durante una rutina de equipo de cuatro minutos, las nadadoras pueden acumular hasta 60-80 segundos de tiempo total bajo el agua, distribuidos en múltiples inmersiones. La particularidad es que estas apneas se realizan en el contexto de un esfuerzo físico intenso, lo que hace que la demanda de oxígeno sea máxima precisamente cuando su suministro está cortado.
Esta combinación de ejercicio de alta intensidad y apnea repetida es uno de los estresores fisiológicos más exigentes del deporte de élite. Las nadadoras entrenan específicamente la tolerancia a la hipoxia (baja concentración de oxígeno en sangre) y desarrollan una capacidad de gestión del estrés del dióxido de carbono que supera con mucho a la de la mayoría de deportistas de otros ámbitos.
La frecuencia cardíaca durante la rutina
Los estudios de fisiología del deporte que han medido la frecuencia cardíaca de nadadoras artísticas durante las rutinas de competición han encontrado valores cercanos a las 180-190 pulsaciones por minuto, es decir, muy próximas a la frecuencia cardíaca máxima para su rango de edad. Estos valores son comparables a los de deportistas de atletismo de media distancia en plena carrera.
Lo que hace especialmente sorprendente este dato es que se consigue manteniendo una apariencia externa de serenidad y elegancia. Las deportistas están entrenadas para controlar su expresión facial y su lenguaje corporal para que el esfuerzo no sea visible, lo que añade una dificultad psicológica y neuromuscular que no tiene parangón en otros deportes.
La fuerza del eggbeater
La técnica de propulsión vertical llamada eggbeater (batido de piernas alterno) es la base de todas las elevaciones. Los estudios biomecánicos han medido que las nadadoras de élite pueden generar fuerzas de propulsión vertical equivalentes a entre 60 y 100 kilogramos, sostenidas durante varios segundos. Para conseguir esto, los músculos de las piernas (cuádriceps, isquiotibiales, glúteos, abductores y aductores) trabajan en una combinación de contracciones isométricas e isotónicas de alta intensidad y alta frecuencia.
El entrenamiento del eggbeater incluye ejercicios específicos fuera del agua (sentadillas, prensa de piernas, trabajo de cadera) y en el agua (sostenimiento de cargas sobre el agua, ejercicios con compañeras). Las nadadoras de alto nivel dedican varias horas semanales específicamente al desarrollo de esta técnica.
Las horas de entrenamiento
Las nadadoras artísticas de élite entrenan entre 8 y 10 horas diarias durante las temporadas de preparación. Este volumen incluye trabajo en el agua (natación artística, natación de fondo para la base aeróbica), trabajo en seco (ballet, danza, gimnasia, acondicionamiento físico específico) y trabajo mental (visualización, repaso coreográfico).
A diferencia de otros deportes en que el volumen de entrenamiento se reduce significativamente en el período de competición, las nadadoras artísticas mantienen cargas de entrenamiento altas hasta los momentos previos a las grandes competiciones para conservar la sincronía y la calidad de los elementos.
Esta combinación de volumen de entrenamiento, exigencia cardiovascular en competición y trabajo en apnea hace de la natación artística uno de los deportes más exigentes del programa olímpico, a pesar —o quizás precisamente por— la aparente facilidad con que sus mejores exponentes ejecutan las rutinas más complejas.