Si Katherine Curtis fundó el deporte, Esther Williams lo hizo famoso. A través de una serie de películas producidas por la MGM entre 1944 y 1955, Williams llevó el water ballet y la natación artística a millones de hogares en todo el mundo, creando una imagen del deporte que persiste hasta el día de hoy.
De nadadora de competición a estrella de cine
Esther Jane Williams nació el 8 de agosto de 1921 en Inglewood, California. Fue una nadadora de competición de enorme talento: a los 16 años ganó tres campeonatos nacionales y era candidata a participar en los Juegos Olímpicos de 1940, que fueron cancelados por el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Aquella cancelación cambió el curso de su vida.
En 1941, el empresario Billy Rose la contrató para participar en el espectáculo acuático del San Francisco Aquacade. Allí fue descubierta por la MGM, que veía en ella la combinación perfecta de atleta de élite y presencia escénica natural. Su debut cinematográfico llegó en 1942, y en 1944 protagonizó su primera gran producción acuática: Bathing Beauty.
Los musicales acuáticos de la MGM
Las películas de Esther Williams establecieron un género propio dentro del cine musical: el “musical acuático”. La fórmula era siempre similar: una historia romántica ligera con canciones y situaciones de comedia, culminando en una o varias secuencias acuáticas de gran escala coreografiadas por maestros del espectáculo.
El coreógrafo Busby Berkeley, famoso por sus formaciones geométricas imposibles de grandes grupos de bailarinas vistas desde arriba, diseñó algunas de las secuencias más memorables. En la piscina, sus coreografías de cientos de nadadoras creando patrones kaleidoscópicos anticipaban directamente las formaciones de los equipos modernos de natación artística.
Las producciones no escatimaban en presupuesto: la película Million Dollar Mermaid (1952), inspirada en la vida de Annette Kellerman —otra pionera del deporte acuático—, incluía escenas con cientos de figurantes en piscinas especialmente construidas en los estudios de la MGM. Williams realizaba ella misma todas sus escenas acuáticas, incluyendo saltos y números de extrema dificultad que en varios casos le causaron lesiones serias.
El impacto en la popularización del deporte
Las películas de Williams tuvieron un efecto multiplicador en la práctica de la natación artística en todo el mundo. En Estados Unidos, los clubes de natación sincronizada vieron incrementarse enormemente el número de nuevas practicantes a lo largo de los años cuarenta y cincuenta. En Europa y Latinoamérica, el deporte llegó a muchas personas por primera vez a través de estas películas.
La estética que Williams y la MGM establecieron —gorros decorados, maquillaje escénico, trajes de baño con pedrería, actuaciones sincronizadas con música— quedó incorporada permanentemente a la identidad visual del deporte. Décadas después, la natación artística de competición mantiene elementos estéticos que son directamente reconocibles como herencia de los musicales acuáticos de Hollywood.
El reconocimiento tardío
Paradójicamente, durante años el mundo del cine no tomó del todo en serio las producciones de Williams, considerándolas entretenimiento ligero. Y el mundo del deporte tampoco la reconoció como la figura que fue, ya que su carrera como nadadora de competición quedó truncada y su trabajo posterior era considerado espectáculo más que atletismo.
Con el paso del tiempo, la valoración ha cambiado. Williams recibió reconocimientos internacionales por su contribución a la popularización del deporte acuático, y muchas federaciones de natación artística la consideran un pilar cultural de la historia de su disciplina. Murió el 6 de junio de 2013, a los 91 años, habiendo sido testigo del largo recorrido del deporte al que ella más que nadie dio a conocer al mundo.