La natación artística de hoy es un deporte radicalmente diferente al que debutó en Los Ángeles 1984. En cuatro décadas, la disciplina ha pasado de ser un deporte de figuras técnicas y rutinas relativamente estáticas a convertirse en un espectáculo de atletismo extremo y expresión artística de primer nivel, con elevaciones de más de dos metros, rutinas conceptuales de gran ambición creativa y una dificultad técnica que haría irreconocibles las competiciones de los años 80 para sus propios protagonistas.
La eliminación de la prueba de figuras
El primer gran cambio estructural del deporte moderno fue la eliminación de la prueba de figuras del programa olímpico en los Juegos de Atlanta 1996, y del programa de los Campeonatos del Mundo poco después. Las figuras eran la prueba más técnica y menos espectacular del deporte: las deportistas ejecutaban posiciones estáticas de forma aislada, sin música, con el objetivo de conseguir la máxima precisión técnica.
Para los entrenadores y deportistas especializadas, la prueba de figuras era la base del deporte. Pero para el público general —y para el Comité Olímpico Internacional— era difícil de seguir y poco atractiva como espectáculo. La FINA optó por eliminarla del programa de alto nivel para dar protagonismo total a las rutinas con música, que sí generaban interés masivo.
Esta decisión tuvo consecuencias paradójicas: al eliminar la prueba que más valoraba la precisión técnica pura, se abrió la puerta a que las rutinas libres se volvieran cada vez más espectaculares y arriesgadas, priorizando el impacto visual sobre la perfección clásica.
El aumento exponencial de la dificultad
A lo largo de los años 90 y 2000, la dificultad de los elementos en las rutinas se fue incrementando de forma sistemática. Las elevaciones, que en los primeros años olímpicos eran relativamente sencillas, comenzaron a incorporar giros, posiciones aéreas complejas y alturas cada vez mayores.
El equipo ruso, siempre en la vanguardia técnica, fue el principal motor de esta escalada de dificultad. Cada ciclo olímpico, Rusia presentaba elementos nuevos que luego los demás países intentaban imitar o superar. Esta dinámica de innovación constante elevó el nivel técnico global del deporte de forma extraordinaria.
La introducción de la puntuación de dificultad como componente independiente de la nota final —similar al modelo del patinaje artístico y la gimnasia— fue el cambio reglamentario que formalizó esta tendencia, asignando un valor numérico objetivo a la complejidad de los elementos y recompensando a los equipos que se arriesgaban a incluir los elementos más difíciles.
La incorporación masculina
La inclusión de hombres en la natación artística ha sido uno de los cambios más significativos del deporte en las últimas dos décadas. Aunque algunos países, especialmente Japón, habían desarrollado programas masculinos desde los años 90, la participación masculina en competiciones internacionales de alto nivel fue tardía.
World Aquatics introdujo el dúo mixto en los Campeonatos del Mundo de Kazán 2015, con una modalidad técnica y una libre para parejas formadas por un hombre y una mujer. La respuesta fue muy positiva: los dúos mixtos ofrecían posibilidades técnicas completamente nuevas, especialmente en las elevaciones, donde la fuerza adicional del hombre permitía alturas y combinaciones imposibles en el dúo femenino.
En los Juegos Olímpicos de París 2024, el dúo mixto formó parte del programa oficial, consumando la integración masculina en el deporte olímpico.
El cambio de nombre: de sincronizada a artística
En 2017, la FINA decidió cambiar el nombre oficial de “natación sincronizada” a “natación artística”. El cambio no fue meramente cosmético: reflejó una voluntad de posicionar el deporte en un espacio diferente al de otros deportes acuáticos, enfatizando su carácter artístico y diferenciándolo de cualquier actividad que simplemente requiera sincronía (como la natación en relevos o el nado en formación).
El nuevo nombre también buscaba atraer a deportistas con formación artística (bailarines, acróbatas, gimnastas) que pudieran enriquecer el deporte con sus capacidades específicas, y hacer el deporte más comprensible para el público general, que a menudo asociaba “sincronizado” con una idea de uniformidad mecánica más que con creación artística.
El surgimiento de nuevas potencias
El fin del monopolio ruso —acelerado por las sanciones deportivas de 2022-2024— ha coincidido con el ascenso de nuevas potencias, especialmente China, que ha invertido enormes recursos en desarrollar un programa de natación artística de primer nivel mundial. Japón, Ucrania, España e Italia también han dado pasos importantes en la competitividad internacional.
Esta diversificación del liderazgo deportivo es uno de los signos más prometedores de la salud del deporte en su era moderna: la natación artística ya no depende de una sola selección para generar competencia de alto nivel, lo que augura un futuro más dinámico e impredecible que en las décadas anteriores.