Los orígenes: la natación sincronizada llega a España
La natación artística —denominada natación sincronizada hasta 2017, cuando la FINA cambió oficialmente el nombre para reflejar mejor la naturaleza artística del deporte— llegó a España en la segunda mitad del siglo XX. Los primeros clubes en desarrollar esta actividad se encontraban en Barcelona y Madrid, ciudades con infraestructura acuática suficiente y una cultura deportiva abierta a las nuevas disciplinas.
Durante los años 70 y buena parte de los 80, la natación sincronizada española era un deporte completamente amateur, practicado por nadadores jóvenes que compaginaban los entrenamientos con otras actividades y que no contaban con medios técnicos ni económicos equiparables a los de las grandes potencias del deporte —Estados Unidos, Canadá, Japón y la URSS. Los primeros campeonatos nacionales servían para identificar talento y fomentar la práctica, pero el salto a la competición internacional era todavía una aspiración lejana.
El impulso olímpico: los Juegos de Barcelona 1992
El punto de inflexión en la historia de la natación artística española fue, como en tantos otros deportes, los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Aunque el deporte llevaba en el programa olímpico desde Los Ángeles 1984, la celebración de los Juegos en España generó un efecto catalizador: los medios de comunicación nacionales prestaron atención por primera vez a la disciplina, los patrocinadores empezaron a interesarse y la federación pudo incrementar sus recursos.
Las nadadoras españolas que participaron en Barcelona no llegaron al podio, pero su actuación en el escenario olímpico ante el público local sirvió para inspirar a una generación de niñas que comenzarían a entrenar en los años siguientes. Las escuelas de natación de clubs como el Club Natació Sincro Barcelona o el Real Canoe N.C. de Madrid registraron un aumento notable de inscripciones en los años posteriores a los Juegos.
La generación dorada: Mengual, Carbonell y el auge internacional
La transformación definitiva del deporte llegó con la generación que se formó durante los años 90 y que debutó en el escenario internacional en la primera década del siglo XXI. El nombre central de esa generación fue Gemma Mengual, la primera nadadoras española en llegar al podio olímpico en natación artística y la figura que abrió el camino a todo lo que vendría después.
Mengual, junto al conjunto nacional, comenzó a acumular medallas en los Campeonatos del Mundo y de Europa a partir de 2001, demostrando que España podía competir con Rusia —la gran potencia dominante del deporte desde los años 90— y con las otras grandes selecciones. Su medallero internacional fue creciendo hasta que en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 España consiguió sus primeras medallas olímpicas, resultado de años de trabajo sistemático y de la mejora continua del nivel técnico del programa nacional.
La era Carbonell: dominando el mundo durante una década
Tras el ciclo de Gemma Mengual, Ona Carbonell tomó el relevo y llevó a la natación artística española a cotas aún más altas. Carbonell, nacida en Barcelona en 1990, debutó en el circuito internacional con una precocidad que asombró al mundo y durante más de diez años fue considerada la mejor nadadoras del mundo —o la segunda, siempre en pugna con las representantes rusas.
Su palmarés incluye medallas en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Río 2016 y Tokio 2020, así como una colección de títulos mundiales y europeos que la colocan entre las deportistas más laureadas de la historia del deporte español. Con Carbonell como líder del dúo y del conjunto, España se consolidó como la segunda potencia mundial de la natación artística, siempre a la sombra de Rusia pero por encima del resto del mundo.
Un modelo de excelencia: técnica, arte y constancia
La natación artística española se caracteriza por un modelo que combina la exigencia técnica con una identidad artística propia. Las coreografías del equipo español son reconocidas por los jueces internacionales por su creatividad, la riqueza musical y la expresividad de las nadadoras, que van más allá de la mera ejecución técnica para crear auténticas obras artísticas en el agua.
El Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat del Vallès, en Barcelona, ha sido durante décadas el cuartel general del programa nacional de élite. La directora técnica Anna Tarrés, que pilotó el deporte español durante años de éxitos continuados, construyó un sistema de trabajo rigoroso que combinaba la formación desde las categorías inferiores con la tecnificación de alto rendimiento para las nadadoras de élite.
El presente: nuevas generaciones y adaptación al cambio
Tras la retirada de Ona Carbonell —que anunció su retirada después de los Juegos de Tokio 2020, disputados en 2021—, la natación artística española inició un proceso de renovación generacional. Paula Klamburg, Iris Tió y otras jóvenes nadadoras están tomando el testigo de la generación dorada, compitiendo en los circuitos internacionales con el objetivo de mantener a España entre las potencias del deporte.
La suspensión del equipo ruso de las competiciones internacionales a partir de 2022, consecuencia de la invasión de Ucrania, ha abierto nuevas oportunidades para que España ocupe los puestos más altos del palmarés mundial. El deporte español, con su estructura de clubs y su tradición de excelencia construida en tres décadas de trabajo, está bien posicionado para aprovechar ese espacio.