En los 100 metros lisos del atletismo, el récord del mundo de Usain Bolt dura más de una década y parece inamovible. En natación ocurre algo parecido, pero con una peculiaridad fascinante: muchos de los récords actuales nacieron en un solo torneo, en una sola semana de julio de 2009 en Roma, cuando los nadadores vestían trajes que el reglamento posterior declaró ilegales. Esos tiempos siguen vigentes. Y nadie los ha podido superar.
Roma 2009: la semana que distorsionó la historia
Los Campeonatos del Mundo de Natación de Roma 2009 son el episodio más extraño de la historia del deporte acuático moderno. En una semana, se batieron 43 récords del mundo. Cuarenta y tres. En todas las pruebas, en todos los estilos, en categorías masculinas y femeninas. Nunca antes ni después se ha visto nada parecido en ningún deporte de medición de tiempo.
La explicación estaba en los trajes. Desde 2008, los fabricantes de equipamiento habían desarrollado bañadores de poliuretano que cubrían gran parte del cuerpo y ofrecían flotabilidad artificial, compresión muscular y una reducción de rozamiento con el agua sin precedentes. Los nadadores que los llevaban no solo eran más rápidos: en algunos casos mejoraban sus propias marcas personales en varios segundos.
World Aquatics (entonces FINA) reaccionó prohibiendo estos materiales a partir del 1 de enero de 2010. Desde ese momento, los nadadores solo pueden competir con trajes de un material textil convencional que no cubra más de las rodillas en hombres ni más del cuello-hombros en mujeres. El problema es que los récords establecidos en Roma siguen siendo válidos, porque en su momento eran legales.
Por qué los 50 metros libres son la prueba más resistente
La prueba de 50 metros libres masculino ilustra perfectamente el fenómeno. César Cielo, el nadador brasileño, estableció el récord mundial en 20,91 segundos durante aquellos Mundiales de Roma. Han pasado más de quince años. Campeones como Caeleb Dressel, Florent Manaudou, Ben Proud o Kyle Chalmers han intentado superarlo. Ninguno lo ha conseguido.
Los 50 metros libres son la prueba más explosiva de la natación: casi pura potencia, sin virajes, sin estrategia de fondo. Un sprint acuático de poco más de veinte segundos donde la diferencia entre el oro y la plata puede ser una centésima de segundo. En esa prueba, el efecto de los trajes de poliuretano fue especialmente pronunciado porque la flotabilidad adicional beneficia proporcionalmente más en distancias cortas donde la velocidad punta es máxima.
El debate sobre los récords en piscina corta
En piscina de 25 metros, los récords son más recientes porque hay más virajes, y los trajes de poliuretano nunca llegaron a prohibirse completamente en esa modalidad con el mismo rigor. Esto genera una paradoja: hay pruebas donde el récord en piscina corta es más rápido que el equivalente en piscina larga, algo que en condiciones normales no debería ocurrir dado que hay más virajes y los tiempos se reducen por esa razón técnica, no por diferencias de velocidad real.
El debate sobre cómo gestionar esta herencia incómoda sigue abierto en la comunidad de la natación. Algunos proponen crear una categoría separada de récords «era textil» para que los nadadores actuales tengan referencias alcanzables. Otros argumentan que los récords son récords, independientemente de las condiciones en que se establecieron.
El futuro de los récords: ¿quién los romperá?
Con cada generación de nadadores aparecen nuevos talentos que se acercan a esas marcas. El francés Leon Marchand ha revolucionado las pruebas de estilos combinados y braza en los últimos años, batiendo algunos récords de Phelps en pruebas que se creían intocables. En los 50 metros libres, la búsqueda continúa.
Lo que está claro es que la historia de los récords mundiales de natación tiene un antes y un después de Roma 2009. Esa semana dejó una cicatriz estadística en el deporte que tardará mucho tiempo en desaparecer, y que recuerda que el rendimiento deportivo nunca es solo atletismo: también es tecnología, materiales y, a veces, decisiones reglamentarias que cambian el juego para siempre.