El espalda es el único estilo olímpico que se nada en posición dorsal, es decir, boca arriba. Esta característica lo distingue visualmente del resto y le confiere una dificultad particular: el nadador no puede ver hacia dónde avanza y debe orientarse por las referencias del techo y las banderas de señalización. Es el tercer estilo más rápido y el segundo en los relevos 4×100 estilos.
La brazada de espalda es alternada, como en el crol. Cada brazo entra al agua con la mano extendida por encima de la cabeza, del mismo lado del cuerpo, el pulgar hacia abajo. Luego tracciona en un recorrido curvo bajo el agua hasta completar el empuje junto al muslo. Mientras un brazo tracciona, el otro se recupera en el aire, describiendo un amplio arco. Las piernas realizan un batido continuo similar al del crol, con los tobillos relajados para maximizar la propulsión.
En competición, las pruebas son los 50, 100 y 200 metros espalda. Un elemento técnico clave es la salida: a diferencia del resto de estilos, el nadador arranca desde dentro del agua, con los pies en la pared y las manos aferradas a los agarres del bloque de salida. Tras la señal, se lanza hacia atrás con un potente impulso de piernas para entrar al agua en posición hidrodinámica.