Un récord mundial en natación representa la mejor marca cronometrada en la historia de una prueba específica, validada por World Aquatics (antes conocida como FINA). Los récords se registran por separado para piscina larga (50 metros) y piscina corta (25 metros), y también por categorías de edad en competiciones correspondientes. Los Juegos Olímpicos, al celebrarse siempre en piscina de 50 metros, son uno de los escenarios más frecuentes para la caída de récords globales.
Para que una marca sea homologada como récord mundial, deben cumplirse varios requisitos estrictos: la competición debe estar sancionada por World Aquatics, la piscina debe haber pasado la inspección técnica correspondiente, el sistema de cronometraje debe ser electrónico y certificado, y el nadador debe superar el control antidopaje. Si alguno de estos requisitos no se cumple, la marca queda registrada como mejor tiempo personal pero no como récord oficial.
La evolución de los récords mundiales refleja la historia del deporte: los grandes saltos coinciden con avances técnicos (el viraje en volteo, el pull-out subacuático, el arranque de bloque con punta trasera) y, en un capítulo controvertido, con el auge de los trajes tecnológicos en 2008-2009. Algunos récords de esa era siguen vigentes hoy, lo que da una idea de hasta qué punto los materiales influyeron en las marcas de aquella época.