La salida de espalda es la más técnica de todas las salidas en natación porque el nadador parte de una posición colgada del bloque, de espaldas al agua, y debe generar potencia y distancia sin ver hacia dónde se lanza. Un par de décimas de diferencia en la salida pueden determinar el resultado en distancias cortas como los 50 o los 100 metros espalda. Por eso merece trabajo específico y no solo práctica dentro del calentamiento.
La posición de partida: agarre y postura en el agua
El nadador se sujeta al bloque con ambas manos, agarre supino (palmas hacia abajo) o con el agarre específico del bloque de espalda si está disponible. Los pies se apoyan en la plataforma del bloque (o en la pared) con las rodillas flexionadas. El cuerpo forma una posición de media flexión: caderas por encima de la superficie del agua, espalda curvada hacia el bloque, cabeza ligeramente inclinada hacia el pecho.
Una posición de partida excesivamente arqueada (caderas muy altas) hace que el cuerpo caiga demasiado lejos del bloque al lanzarse y pierde ángulo de entrada. Una posición demasiado baja (caderas cerca del agua) reduce la potencia del impulso de piernas.
La señal de salida: la explosión coordinada
Al sonido del disparo, la secuencia es la siguiente: los brazos se sueltan del bloque y se lanzan hacia atrás por encima de la cabeza simultáneamente, mientras las piernas se extienden con fuerza empujando el bloque. La cabeza se echa hacia atrás (la nuca apunta hacia el agua) para guiar el arco de la trayectoria. Los brazos deben llegar a la posición de extensión total por encima de la cabeza en el aire, antes de entrar al agua.
El error más frecuente es lanzar los brazos hacia atrás de forma secuencial (primero uno, luego otro), lo que provoca una entrada lateral y asimétrica. Los dos brazos deben salir del bloque al mismo tiempo.
La entrada al agua: el ángulo correcto
El cuerpo debe entrar al agua en un ángulo entre 30° y 45° respecto a la superficie. Un ángulo demasiado plano (casi horizontal) aumenta la resistencia en la entrada y reduce la profundidad para el delfín subacuático. Un ángulo demasiado vertical hace que el nadador se hunda más de lo necesario y pierda tiempo subiendo.
Las manos entran primero, juntas y en extensión, con las palmas apuntando hacia arriba (o ligeramente hacia los lados) para reducir la resistencia de entrada. La cabeza queda entre los brazos, en posición neutra. El cuerpo entra por el mismo hueco que abren las manos, como si pasara por un aro imaginario.
El delfín subacuático tras la salida
Tras la entrada, el cuerpo inicia una serie de movimientos de delfín subacuático (undulation): las caderas y las piernas ondean de arriba a abajo impulsando al nadador hacia adelante sin salir a la superficie. El ritmo de delfín subacuático suele ser más rápido que el de la brazada en superficie, por lo que maximizarlo dentro de los 15 metros permitidos es siempre beneficioso si la técnica es buena.
La transición del delfín subacuático a la brazada de espalda debe ser suave: el nadador sube gradualmente hacia la superficie en los últimos dos o tres movimientos de delfín y saca el brazo líder en el momento en que la cabeza emerge.
Ejercicios específicos
- Salida desde la plataforma sin agua (en seco): practica el lanzamiento de brazos y la postura de cabeza frente a un espejo o con un compañero que te observe. Identifica si los brazos salen al mismo tiempo.
- Salida con medición de distancia de entrada: coloca un flotador a 3, 4 y 5 metros de la pared. Trabaja para que la entrada sea siempre al mismo punto, lo que indica consistencia en la potencia y el ángulo.
- Series de 15 metros subacuáticos: sin salida, empuja la pared en espalda y trabaja el delfín subacuático hasta los 15 metros, midiendo el tiempo desde la pared hasta que la cabeza emerge. Compara semana a semana.
- Grabación lateral: graba la salida desde el lateral de la piscina para ver el ángulo de entrada y la simetría de los brazos. Corrige lo que el ojo no puede percibir desde el agua.
Una buena salida de espalda no se improvisa. Se construye con repetición técnica cuidadosa y con la voluntad de corregir pequeños detalles que, en la piscina, marcan grandes diferencias.