Existe una teoría sobre el origen del netball que lo resume todo: los primeros educadores ingleses que intentaron jugar al baloncesto con las reglas originales de Naismith recibieron una versión incompleta del reglamento que no mencionaba el bote. Así que jugaron sin él. Y cuando se dieron cuenta del «error», les gustó más la versión sin bote.
Puede que sea una simplificación. Probablemente no sea exactamente así. Pero captura algo verdadero sobre cómo nació el netball: como el resultado de una adaptación imperfecta que acabó creando algo mejor (o al menos diferente) que el original.
El bote que no llegó
El baloncesto llegó a Inglaterra a mediados de la década de 1890 a través de publicaciones y entusiastas que habían visto o leído sobre el nuevo juego americano. Las reglas de James Naismith habían sido publicadas en enero de 1892 en el boletín de la YMCA de Springfield, pero llegaron a Europa de manera fragmentaria, en traducciones imprecisas o en versiones resumidas.
Varios historiadores del netball documentan que algunas de las primeras versiones del reglamento que circularon en los colegios femeninos ingleses no mencionaban explícitamente el bote o lo describían de manera que sugería que no era necesario. Los educadores que adaptaron el juego para sus alumnas simplemente jugaron sin él.
Las convenciones de la época
Más allá del malentendido reglamentario, las convenciones sociales de la Inglaterra victoriana también influyeron. Las mujeres de finales del siglo XIX practicaban deporte con ropa que no facilitaba el movimiento dinámico: faldas largas, corsés ajustados, zapatos sin soporte deportivo. Botar el balón repetidamente mientras se corría era físicamente difícil en esas condiciones.
Además, los educadores de la época tenían ideas definidas sobre cuáles eran las cualidades deportivas apropiadas para las mujeres: la elegancia en el movimiento, la coordinación de equipo, la precisión en el pase. El bote era visto como un elemento de individualismo y de esfuerzo físico bruto que no encajaba con esa visión.
El tablero que desapareció
En cuanto al tablero, su ausencia en el netball es sencillamente consecuencia de que nunca se añadió. Las primeras versiones del juego usaban un aro simple sobre un poste, sin el tablero trasero que comenzó a incorporarse al baloncesto americano a finales de la misma década de 1890.
Cuando el netball fijó sus primeras reglas escritas en 1901, el tablero no formaba parte del diseño. La portería de netball quedó establecida como un aro sobre poste a 3,05 metros de altura, y así se ha mantenido hasta hoy.
El efecto en el juego
La ausencia de bote y tablero no son solo detalles técnicos: definen completamente el carácter del juego. Sin bote, el netball es puro juego colectivo: la posesión solo avanza a través de pases, lo que exige una coordinación constante entre todas las jugadoras. Sin tablero, el tiro es un gesto técnico más puro y exigente, sin la posibilidad de usar la madera como recurso.
Estas dos «limitaciones» crearon un deporte con una identidad completamente propia, tan distinto del baloncesto que hoy resulta difícil reconocer al uno como descendiente del otro.