El triángulo de salida es el primer símbolo que el orientador debe buscar en su mapa al comenzar la carrera. Representado por un triángulo equilátero en color morado (el color estándar IOF para los elementos del recorrido) en el mapa, indica el punto exacto en el terreno donde el corredor debe colocarse para iniciar la navegación hacia el primer control.
En la mayoría de competiciones, el proceso de salida tiene dos fases diferenciadas. La primera es la salida cronométrica: el corredor pasa por una línea o punto donde un juez o el sistema electrónico registra la hora de salida. Esta fase puede realizarse hasta 100 metros antes del triángulo, en una zona donde el corredor todavía no tiene acceso al mapa y donde los distintos recorridos se mantienen separados para evitar que los corredores puedan ver el mapa de otro competidor.
La segunda fase es la llegada al triángulo en el terreno: el punto físico señalizado con una baliza especial (a veces un triángulo pintado en el suelo o un indicador) donde el corredor recoge o recibe su mapa de recorrido. En ese momento, el corredor puede abrir el mapa, orientarlo con la brújula y comenzar la navegación real. Hasta ese punto, el tiempo ya está corriendo pero el corredor no ha podido planificar nada.
En el mapa del recorrido, del triángulo de salida sale una línea hasta el primer control (representado por un círculo con el número 1), y a partir de ahí los círculos numerados de cada control se unen con líneas que el corredor debe seguir en orden. La doble línea concéntrica que aparece al final del recorrido representa la meta.
El triángulo es también el símbolo que el corredor usa para orientar el mapa nada más recibirlo: al colocarse en el punto físico del triángulo, el corredor sabe exactamente dónde está y puede orientar el mapa correctamente antes de empezar a correr.