En la historia del decatlón hay un atleta que no solo dominó su deporte durante una década entera sino que también redefinió qué podía ser un campeón olímpico en la Gran Bretaña de los años 80: Francis Morgan «Daley» Thompson, hijo de padre nigeriano y madre escocesa, criado en el barrio londinense de Notting Hill.
Los primeros años de un talento precoz
Thompson descubrió el decatlón siendo adolescente y desde el principio mostró una combinación de talento natural y competitividad feroz que sus entrenadores comparaban con los mejores atletas que habían visto. Con 19 años participó en los Juegos de Montreal 1976, quedando decimoctavo. Cuatro años después era el mejor del mundo.
Moscú 1980: el primer oro bajo el boicot
Los Juegos de Moscú 1980 estuvieron marcados por el boicot de Estados Unidos y otros países occidentales en protesta por la invasión soviética de Afganistán. La ausencia de muchos atletas americanos redujo el nivel de competencia, aunque el decatlón soviético y europeo seguía teniendo figuras de primer orden.
Thompson ganó el oro con una puntuación de 8.495 puntos que igualó el récord del mundo. La forma en que ganó —dominando las pruebas de velocidad mientras compensaba en los lanzamientos— estableció su firma competitiva: un atleta completo pero con una superioridad especial en las pruebas de pista.
Los Ángeles 1984: el duelo que nunca llegó a ser
Para los Juegos de Los Ángeles 1984, el escenario estaba preparado para un duelo histórico entre Thompson y el alemán occidental Jürgen Hingsen, quien había batido el récord del mundo dos veces desde 1982. Los americanos esta vez sí participaban (habían boicoteado Moscú) y el estadio olímpico de Los Ángeles prometía ser el escenario de una de las grandes batallas del atletismo moderno.
El destino, sin embargo, privó al duelo de su dramatismo: Hingsen cometió tres salidas nulas en los 100 metros del primer día y fue descalificado de esa prueba, acumulando cero puntos en ella y arruinando sus posibilidades reales de pelear el oro. Thompson, sin competencia directa, ganó el oro con 8.798 puntos y un nuevo récord del mundo.
El momento más recordado de aquellos Juegos no fue la victoria sino la celebración: Thompson, conocido por su sentido del humor irreverente, apareció en el podio usando una camiseta con un mensaje jocoso sobre la puntuación final que generó controversia y risas a partes iguales.
El impacto cultural en Gran Bretaña
Daley Thompson fue algo más que un campeón olímpico. En una época en que Gran Bretaña luchaba con tensiones raciales y sociales (los disturbios de Brixton de 1981 habían sacudido el país), Thompson representaba algo diferente: un hombre negro que ganaba para su país con orgullo genuino y sin pedir permiso para ser él mismo.
Su presencia en los medios de comunicación rompió moldes. Era extrovertido, divertido y polémico en una época en que los atletas olímpicos solían ser figuras sobrias y contenidas. Sus bromas sobre la reina, su actitud desafiante ante los periodistas y su negativa a ser un modelo conveniente de nada lo convirtieron en un precursor del atleta mediático moderno.
El legado
Thompson ganó cuatro Campeonatos del Mundo (incluido el primero de 1983 en Helsinki) y dos oros olímpicos. Su récord del mundo de 1984 duró seis años. Pero más allá de las cifras, su legado es el de un atleta que demostró que ser el mejor del mundo y ser completamente uno mismo no son cosas incompatibles.