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Rally

Modalidad del automovilismo en la que los pilotos y sus copilotos compiten contra el reloj en tramos cronometrados sobre carreteras cortadas al tráfico, con terrenos y condiciones cambiantes.

El Grupo B: los monstruos del rally que fueron demasiado peligrosos para existir

El Grupo B fue la era más salvaje del automovilismo. Coches de 500 CV sin apenas límites técnicos, pilotos legendarios y una serie de accidentes que acabaron con la categoría en 1986.

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Entre 1982 y 1986, el Campeonato del Mundo de Rally vivió su era más salvaje, más espectacular y más mortal. El Grupo B era una categoría técnicamente casi sin límites: los constructores podían desarrollar coches con cualquier configuración mecánica, cualquier disposición de motor y cualquier cantidad de potencia, siempre que produjeran al menos 200 unidades de calle. El resultado fue una generación de máquinas que cambiaron para siempre la historia del automovilismo, y que acabaron siendo demasiado peligrosas para seguir existiendo.

La creación de una categoría sin límites

El Grupo B fue creado por la FIA en 1982 como una categoría de alto rendimiento para sustituir al Grupo 4. Las reglas eran intencionadamente permisivas: los constructores tenían libertad casi total para desarrollar tecnología, y la homologación solo requería la producción de 200 coches de calle. Esa cifra mínima permitía que los coches de competición fueran completamente diferentes de los de serie, conectados solo de forma superficial.

Los grandes constructores, conscientes de que el campeonato mundial era el mejor escaparate posible para sus marcas, invirtieron recursos enormes en el desarrollo de coches de Grupo B. Audi llegó primero, con el Quattro, que introdujo la tracción integral en el rally y cambió la comprensión de lo que era posible en una carretera de tierra o nieve. El resto de los fabricantes respondieron con sus propias soluciones técnicas, generando una competencia tecnológica sin precedentes.

Los coches, las potencias y las diferencias técnicas

En pocos años, la potencia de los coches del Grupo B se disparó de forma exponencial. El Audi Quattro original tenía cerca de 300 CV. Cuando Peugeot presentó el 205 T16 en 1984, con motor central trasero y tracción integral, la competencia respondió con más potencia y más ingeniería agresiva. El Lancia Delta S4, que apareció en 1985, combinaba turbo y compresor volumétrico para eliminar el turbo lag y ofrecer una respuesta lineal a cualquier régimen.

Los ingenieros que trabajaron en aquellos coches describían la experiencia como única: la libertad técnica era total, y el único límite era la imaginación y el presupuesto. El resultado eran máquinas que en tramos de tierra podían superar los 500 CV con un peso inferior a los 1.000 kilos, una relación potencia/peso que no tenía equivalente en ninguna otra categoría del automovilismo de calle o semiprofesional.

Los pilotos: Röhrl, Mikkola, Salonen, Mouton

El Grupo B también fue la era de los pilotos más completos del rally. Hannu Mikkola y Michele Mouton pilotaron el Audi Quattro en los primeros años y establecieron un estándar de valentía y habilidad que definió la categoría. Mouton, en particular, se convirtió en la única mujer que ha ganado una prueba del Campeonato del Mundo de Rally hasta la fecha, y estuvo muy cerca de ganar el campeonato de 1982.

Timo Salonen ganó el campeonato de 1985 con el Peugeot 205 T16. Walter Röhrl era considerado por muchos el piloto técnicamente más completo de la era. Y Stig Blomqvist, Ari Vatanen y Henri Toivonen completaban una generación de pilotos cuyo talento estaba a la altura de los coches que conducían.

El final: una serie de tragedias inaceptables

El Grupo B llegó a su fin de la forma más brutal. En mayo de 1986, durante el Rally de Portugal, el piloto Joaquim Santos perdió el control de su Ford RS200 entre el público que invadía la carretera —algo habitual en la época— y mató a tres espectadores. Era una tragedia anunciada: el público se acercaba a los coches en movimiento a distancias peligrosísimas, y la organización de muchas pruebas no tenía medios para evitarlo.

Semanas después, en el Rally de Córcega, Henri Toivonen y su copiloto Sergio Cresto perdieron la vida cuando su Lancia Delta S4 salió de la carretera y se incendió. Toivonen era considerado el mejor piloto joven del circuito, un potencial campeón del mundo. Su muerte fue el punto de inflexión. La FISA prohibió el Grupo B a partir de 1987.

La herencia imposible de olvidar

El Grupo B duró solo cinco temporadas completas, pero su huella en la historia del rally es permanente. Los coches que compitieron en esa era son hoy objetos de culto y de colección, valorados en millones de euros. Las imágenes de aquellos monstruos volando por carreteras nevadas de Suecia o polvorientas de África son parte del imaginario colectivo del automovilismo.

El Grupo B demostró que la tecnología sin límites en el automovilismo puede generar belleza y espectáculo a un nivel inalcanzable en cualquier otra época. También demostró que sin los controles adecuados, esa misma tecnología puede matar. Su prohibición fue la lección más cara de la historia del rally.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se prohibió el Grupo B en el rally?
El Grupo B fue prohibido tras una serie de accidentes mortales en 1986. El piloto portugués Joaquim Santos mató a tres espectadores en el Rally de Portugal, y poco después Henri Toivonen y su copiloto Sergio Cresto fallecieron en el Rally de Córcega. El exceso de potencia de los coches, la falta de zonas de seguridad y la invasión de la carretera por el público hicieron la combinación insostenible.
¿Cuánta potencia tenían los coches del Grupo B?
Los coches del Grupo B desarrollaban entre 400 y 600 CV en versiones de competición, con pesos inferiores a los 1.000 kg. El Audi Quattro original tenía cerca de 300 CV, pero al final de la era los coches como el Peugeot 205 T16 Evolution 2 superaban los 500 CV. La relación potencia/peso era comparable a la de los coches de Fórmula 1 de la época.
¿Cuáles fueron los coches más icónicos del Grupo B?
Los coches más recordados del Grupo B son el Audi Quattro (pionero de la tracción integral), el Peugeot 205 T16, el Lancia Delta S4, el Ford RS200 y el MG Metro 6R4. Cada uno de ellos representaba una filosofía técnica diferente, pero todos compartían una potencia y una agresividad visual que los han convertido en iconos del automovilismo.

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