Los backs, o traseros en español, son los siete jugadores que actúan por detrás del pack de forwards. Llevan los dorsales del 9 al 15 y su perfil físico es generalmente más ligero y veloz que el de los delanteros. Mientras los forwards luchan por la posesión, los backs son quienes explotan esa posesión para crear y materializar oportunidades de anotación. La coordinación entre ambas unidades es la base del rugby de alto rendimiento.
La línea de tres cuartos —formada por los dos centros y los dos alas— es el arma de ataque más directa: con pases encadenados buscan sacar al ala en ventaja uno contra uno con el rival para que este use su velocidad y llegue al in-goal. El zaguero (fullback, número 15) actúa como último recurso defensivo pero también como jugador de apoyo en ataque, subiendo a la línea en el momento adecuado para crear superioridad numérica. La apertura, en cambio, es el cerebro del equipo: decide en cada fase si dar el balón, patear o correr.
El juego de backs requiere lectura táctica precisa, velocidad de decisión y ejecución técnica impecable. Un equipo con buenos backs pero forwards débiles no tendrá el balón suficiente para explotar su potencial, mientras que uno con buenos forwards pero backs lentos o imprecisos perderá muchas oportunidades. El equilibrio entre ambas unidades es el sello de los grandes equipos de la historia del rugby.