La conversión es la acción que sigue inmediatamente a la anotación de un ensayo. El equipo que acaba de marcar tiene la oportunidad de sumar 2 puntos adicionales pateando el balón entre los dos postes verticales y por encima del travesaño horizontal. La patada puede realizarse en movimiento (drop) o desde una posición estática con el balón colocado sobre un tee o un pequeño montículo de arena o tierra, aunque el uso del tee es hoy práctica universal.
La posición desde la que se lanza la conversión depende directamente del lugar donde se apoyó el ensayo. Un ensayo marcado cerca de los palos deja una conversión cómoda casi frontal, mientras que uno conseguido en el extremo de la banda obliga al pateador a intentar un ángulo muy cerrado desde lejos. Por eso los equipos atacantes, cuando pueden, tratan de apoyar el balón lo más centrado posible para facilitar la tarea al pateador.
Los pateadores especializados, como los aperturas o los centros, practican cientos de conversiones semanalmente para perfeccionar su técnica. Factores como el viento, la lluvia o la altitud influyen notablemente en la trayectoria del balón. En partidos muy igualados, la tasa de conversiones exitosas puede marcar la diferencia entre ganar y perder, ya que la diferencia entre 5 y 7 puntos por ensayo es significativa en la dinámica del marcador.