El maul es una situación de juego cerrado que se produce cuando el portador del balón es detenido por uno o más rivales pero permanece en pie. Para que haya maul, debe haber al menos tres jugadores involucrados: el portador y al menos un jugador de cada equipo agarrándolo. A diferencia del ruck, el balón puede mantenerse en manos y pasarse entre los miembros del grupo sin que toque el suelo.
El maul tiene una doble naturaleza: puede ser reactivo, cuando se forma de forma espontánea tras un tackle sin derribo, o planificado, como en el driving maul de touche. Esta segunda variante es una de las armas más temibles del rugby de primer nivel: el equipo lanzador atrapa el balón en la touche, forma un bloque compacto y empuja colectivamente hacia la línea de ensayo rival. Los equipos bien entrenados son capaces de avanzar diez o quince metros en bloque sin que el rival pueda robar el balón.
Las reglas del maul están diseñadas para garantizar que el juego no quede bloqueado indefinidamente. Si el maul se detiene sin progresar durante más de unos segundos, el árbitro interviene y puede conceder melé al equipo defensor. Los jugadores que llegan a unirse al maul deben hacerlo desde atrás y por el lateral de su propio equipo; unirse desde el lado del rival o en diagonal es una infracción conocida como «entrando lateralmente» o «off-side».